El pasado presente ayoréode

Historia de vida de Iriyodi Picanerai y Pajine Jnuruminé
Entrevistadores: Rosa María Quiroga 1, Bernd Fischermann 2,
Editora: Araceli Gómez Cañipa 3
Entrevistados: Iriyodí Picanerai, Pajine Jnuruminé
Septiembre 2025
Resumen

Este artículo presenta las historias de vida de Iriyodi Picanerai y Pajine Jnuruminé, dos ayoréode que vivieron la transición de su territorio tradicional a las comunidades sedentarias en el Chaco Boreal paraguayo y boliviano. A través de sus testimonios, documentados por los antropólogos Bernd Fischermann y Rosa María Quiroga en 2002, se revela la compleja historia de resistencia, supervivencia y adaptación del pueblo Totobié-gosode frente a las invasiones militares, misioneras y extractivas que transformaron radicalmente sus espacios de vida desde la década de 1920. Los relatos, preservados en su oralidad original, ofrecen una perspectiva íntima sobre la vida tradicional ayoréode, los contactos forzados que enfrentaron diversos grupos —mientras otros permanecían en aislamiento voluntario—, las guerras intergrupales y los desafíos contemporáneos en comunidades que se extienden desde Paraguay hasta Santa Cruz de la Sierra, constituyendo un testimonio fundamental para comprender las dinámicas coloniales persistentes, la problemática de los pueblos no contactados y la agencia indígena en esta vasta región chaqueña.

Palabras clave: Ayoréode, Pueblos no contactados, Chaco Boreal, Contactos forzados, Testimonios orales.

Mapa-Chaco Boreal. Territorio tradicional de los grupos locales Ayoreode alrededor del año 1950.
A manera de contexto

Los Ayoréode constituyen un pueblo histórico de cazadores-recolectores que complementan su subsistencia con agricultura. Habitan el interior del Chaco Boreal, manteniéndose alejados de los grandes ríos. Las condiciones ambientales del Chaco determinan su patrón de movilidad: durante la mayor parte del año recorren su territorio en busca de alimentos, estableciéndose en aldeas con viviendas fijas únicamente durante la temporada de lluvias.

Su organización social se basa en grupos locales que tienen entre 80 y 200 personas. Cada grupo posee su propio territorio y liderazgo independiente. Tradicionalmente, entre julio y agosto, comisiones designadas emprendían marchas hacia las Salinas ubicadas en territorio boliviano, cerca de la frontera con Paraguay, para aprovisionarse de sal durante todo el año.

A principios del siglo XX, la frontera norte del territorio ayoréode se extendía hasta donde actualmente pasa la línea férrea de Santa Cruz a Puerto Suárez. Durante la década de 1920, fuerzas militares bolivianas y paraguayas establecieron fortines en el norte del Chaco, ocupando zonas estratégicas con fuentes de agua permanentes en el corazón del territorio de varios grupos locales. Frente a esta invasión, los grupos afectados optaron por una estrategia de repliegue en lugar del enfrentamiento directo. El abandono de sus territorios tradicionales los obligó a penetrar en áreas de otros grupos ayoréode, desencadenando conflictos internos que alteraron drásticamente las relaciones y dinámicas sociales preexistentes.

Hacia finales de la década de 1920, el guerrero y chamán Uejai logró unificar —mediante persuasión y fuerza— una confederación de varios grupos locales del sur, potenciando significativamente su capacidad militar. Esta nueva alianza adoptó el nombre de Guiday-gosode «la gente de la región donde estaba el pueblo», en referencia a la antigua reducción jesuita de San Ignacio de Zamuco, ubicada cerca del fortín boliviano Ingavi. Como respuesta defensiva, se formaron otras confederaciones: en el norte, los Direquedejnai-gosode «la gente del otro día» y los Jnupedo-gosode «la gente de los valles profundos»; al este, los Garay-gosode «la gente de los campos».

El abandono forzoso de la zona de los fortines —donde posteriormente se desarrolló la Guerra del Chaco— provocó migraciones masivas. Los grupos del norte y del sur fueron desplazados aún más en sus respectivas direcciones. A finales de los años veinte, los Direquedejnai-gosode desalojaron a los Sirionó de la región del Monte Grande y, en 1930, atacaron Asunción de Guarayos. Hacia finales de la década de 1930, los Ayoréode penetraron en la Chiquitanía, estableciéndose en las extensas regiones boscosas despobladas entre los asentamientos existentes.

A partir de 1950, el Chaco experimentó invasiones sistemáticas por parte de actores no indígenas. Tras la Guerra del Chaco, los militares mantuvieron su presencia en guarniciones y fortines. Entre 1944 y 1949, la Union Oil Company de California realizó prospecciones petroleras en territorio ayoreo, seguida en 1957 por la compañía norteamericana Pure Oil. Durante la década de 1950, prospectores petroleros penetraron el centro del Chaco bajo protección militar. Los soldados recibían recompensas por cada oreja cortada de un ayoréode muerto. A estos agresores les siguieron cazadores de pieles de felinos y, posteriormente, colonos menonitas y estancieros.

Estas invasiones sucesivas provocaron constantes reagrupaciones y migraciones de los grupos locales. En 1948, los primeros grupos del norte buscaron contacto con los cojñone, los blancos, huyendo de las poderosas confederaciones del sur. Entre finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, misioneros salesianos y, posteriormente, de la Misión A las Nuevas Tribus, establecieron los primeros contactos con los grupos del sur.

En la actualidad, los grupos ayoréode mantienen contacto con la sociedad nacional, llegando incluso a residir en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Se estima que aproximadamente 5.000 ayoréode viven actualmente entre Bolivia y Paraguay, enfrentando el desafío de preservar su identidad cultural mientras se adaptan a las realidades del mundo contemporáneo.

Breve historia de los Totobié-gosode

A principios del siglo XX, los antepasados de los Totobié-gosode habitaban la región al sur del Cerro León. Hacia finales de la década de 1920, fueron desplazados hacia el sur, estableciéndose en la región de Amotocodie —territorio tradicionalmente ocupado por los Enlhet (Lengua), a quienes desalojaron—. Este desplazamiento les valió el nombre de Amotocodie-gosode, que significa «la gente de los suelos fértiles» en lengua ayoré. Posteriormente, el grupo expandió su territorio hacia el este de Amotocodie, zona originalmente habitada por los Chamakoko, aunque ya abandonada por estos desde tiempo atrás.

Durante la década de 1940, una manada numerosa de chanchos del monte devastó los sembradíos del grupo, acontecimiento que motivó su cambio de denominación a Totobié-gosode, «la gente de la región donde abundan los chanchos del monte». Con aproximadamente 200 integrantes, los Totobié-gosode constituían uno de los grupos locales más numerosos de la región. Entre finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta se registraron las primeras guerras entre los Guiday-gosode y los Totobié-gosode, quienes habían permanecido al margen de la confederación formada por el líder Uejai. A partir de entonces, los enfrentamientos se volvieron constantes, marcando el inicio de una enemistad que perduraría por décadas.

En 1962, los misioneros de la Misión A las Nuevas Tribus establecieron contacto con los Guiday-gosode, asentándolos en un complejo cercano al Cerro León. La misión proporcionó a este grupo armas de fuego y trampas para participar en el lucrativo comercio de pieles de jaguar y ocelote. Poco después, la misión fue trasladada a la estancia Faro Moro, en pleno centro de Amotocodie, donde continuó con el negocio de pieles hasta su prohibición en 1976.

Equipados con armas de fuego, los Guiday-gosode lanzaron ataques sistemáticos desde Faro Moro contra los Totobié-gosode, quienes se encontraban indefensos ante esta combinación letal: perfectos conocedores del monte armados con tecnología moderna. Las pérdidas entre los Totobié-gosode fueron devastadoras. También se registraron ataques provenientes de los Garay-gosode desde las misiones salesianas, aunque con menor intensidad.

Para los Totobié-gosode, los Guiday-gosode se convirtieron en enemigos mortales. Ante la amenaza de exterminio, optaron por una estrategia de supervivencia: se dividieron en tres subgrupos que operaban independientemente dentro de su territorio tradicional, dificultando así su localización y reduciendo el impacto de los ataques.

A finales de la década de 1970, tras la muerte de Uejai, un predicador ayoréode boliviano promovió la reconciliación y hermandad entre los grupos. Sin embargo, los Guiday-gosode continuaron buscando a los Totobié-gosode silvícolas, aunque ahora con el objetivo declarado de sacarlos del monte para llevarlos a la misión.

Durante el verano de 1979, mientras los Ayoréode permanecían en aldeas estables atendiendo sus chacras, un piloto de la misión localizó una aldea Totobié-gosode. Los misioneros enviaron un contingente de ayoréode cristianizados en su búsqueda. El grupo se acercó cautelosamente a la aldea, proclamando que venían en paz. Las mujeres y niños huyeron al monte mientras los hombres se prepararon para defender el asentamiento. Aunque los Totobié-gosode rechazaron inicialmente ser llevados a la misión, una vez descubiertos, no vieron otra alternativa que entregarse. El mismo escenario se repitió entre 1986 y 1987, pero esta vez los Totobié-gosode decidieron defenderse activamente. El enfrentamiento dejó un saldo trágico: cinco muertos y varios heridos. A pesar de su resistencia, los sobrevivientes fueron finalmente llevados a la misión.

Estas incursiones, aunque presentadas oficialmente como «contactos pacíficos», seguían la táctica de guerra tradicional ayoréode: provocar caos en la aldea para atacar por sorpresa. Los Totobié-gosode interpretaron estos eventos exactamente como lo que eran: ataques de guerra. Según la costumbre ayoréode, los «vencidos» son tocados por los vencedores, ritual que significa que quien toca a otro se responsabiliza de su integración al grupo victorioso. Los «tocados» permanecían durante largo tiempo en una posición de subordinación. Las consecuencias de estos contactos forzados fueron devastadoras. Una parte significativa de los contactados rechazó vivir bajo estas condiciones de sometimiento, optando por la forma más extrema de resistencia: rehusaron comida y líquido, prefiriendo la muerte por inanición antes que la subordinación.

En 1993, los Totobié-gosode exigieron el derecho de retornar a sus tierras tradicionales. Con el apoyo de un grupo solidario, lograron en 1997 establecer una nueva comunidad en Arocojnadi, marcando así un nuevo capítulo en su historia de resistencia y supervivencia cultural.

A manera de introducción de las historias de vida de mujeres y hombres ayoréode

En 2002, los antropólogos Bernd Fischermann y Rosa María Quiroga participaron en un proyecto integral con los Totobié-gosode, un grupo local de los Ayoréode en el Chaco Boreal paraguayo. El proyecto perseguía tres objetivos fundamentales:

  1. Reclamar legalmente una porción del territorio tradicional de los Totobié-gosode.
  2. Acompañar el establecimiento de un nuevo asentamiento en sus tierras ancestrales.
  3. Proteger a la fracción del grupo que permanecía sin contacto en el monte.

El proyecto se implementó al norte de las colonias menonitas del Chaco Central, en una zona de excepcional valor ecológico y cultural. Aunque el territorio reclamado conservaba en gran medida su ambiente intacto, enfrentaba una presión constante: estaba rodeado por propiedades privadas de terratenientes en continua expansión —actualmente es la zona más afectada por avance de la agroindustria en Paraguay—. Como medida de protección, una fracción de tierras al oeste del área demandada quedó resguardada mediante decretos de la Fiscalía Mayor del Estado paraguayo, al constituir zona de tránsito del grupo ayoreo no contactado.

Durante el desarrollo del proyecto, Rosa María y Bernd establecieron vínculos cercanos con varios miembros ayoréode, creando un espacio de confianza que facilitó el intercambio de experiencias personales. Reconociendo el valor de estos testimonios, Rosa María Quiroga inició su documentación sistemática, aprovechando encuentros eventuales y extendiendo sus registros más allá del horario laboral formal.

La iniciativa de documentación despertó rápidamente el interés de actores clave. La ONG Iniciativa Amotocodie, responsable de proteger la fracción occidental del territorio reclamado, financió a Rosa María una estadía de dos meses, septiembre y octubre de 2002, para profundizar la recopilación de historias de vida con los recursos adecuados. Similarmente, la Fiscalía de Asuntos Étnicos del Paraguay, que había establecido una comisión especial para atender al grupo del monte en caso de contacto, mostró un marcado interés en el proyecto.

El interés especial en la problemática del contacto surgió de las devastadoras experiencias previas. Los contactos forzados de 1979 y 1986-87, iniciados por la Misión A las Nuevas Tribus (organización fundamentalista norteamericana), habían dejado un saldo trágico: muertes por enfermedades introducidas, suicidios por desesperación y enfrentamientos violentos que resultaron en cinco fallecimientos durante el contacto de 1986.

Más recientemente, la salida de la familia Paójnai en 1998 había generado intensas disputas entre misioneros, el gobierno y la fiscalía, dejando profundas secuelas psicológicas en los miembros afectados de esta familia. A pesar de la prohibición expresa de la Fiscalía (vigente desde 1987) de buscar activamente al grupo aislado, algunos misioneros de la Misión A las Nuevas Tribus y grupos menonitas continuaban intentando contactarlos, justificando sus acciones con argumentos paternalistas sobre su supuesta «pobreza» y «necesidad de conocer a dios».

Las historias de vida documentadas perseguían dos propósitos fundamentales para la defensa de los derechos de los Totobié-gosode:

  1. Preparación para futuros contactos.Proporcionar información crucial para desarrollar estrategias que minimizaran los traumas en posibles contactos futuros, aprendiendo de los errores del pasado.
  2. Transformación de percepciones.Revelar la dimensión humana, la sabiduría ancestral y las habilidades sofisticadas de un pueblo sistemáticamente estigmatizado por la sociedad dominante como «salvajes», «pobres» e «ignorantes».

Las narrativas recopiladas transmiten experiencias vitales únicas de los ayoréode. Prácticamente todos los adultos de los grupos locales del sur habían experimentado directamente la vida tradicional en el monte, lo que otorga a sus testimonios un valor testimonial extraordinario. Las historias siguen típicamente una estructura tripartita: comienzan con recuerdos vívidos de la vida en el monte, transitan por la experiencia traumática del contacto, y concluyen con reflexiones sobre la vida actual, frecuentemente estableciendo comparaciones nostálgicas y críticas con su existencia anterior.

La metodología empleada privilegió conscientemente los diálogos horizontales, estableciendo un espacio de intercambio genuino donde ambas partes compartían y recordaban acontecimientos personales. Estos diálogos raramente requirieron intérpretes. Cuando el dominio del castellano por parte de los Ayoréode era limitado, se recurría a gestos y demostraciones para alcanzar el entendimiento mutuo, preservando así la atmósfera de conversación informal que priorizaba la confianza y el intercambio recíproco. Este enfoque metodológico permitió capturar la riqueza y complejidad de las experiencias ayoréode desde una perspectiva íntima y respetuosa.

Pensamientos, sentires y reflexiones sobre leer las historias de vida en clave del pasado-presente

La historia de vida que se presenta a continuación forma parte del proceso de rescate de memorias y experiencias llevado a cabo por los antropólogos Rosa María Quiroga y Bernd Fischermann. Su lectura contemporánea abre horizontes de comprensión sobre la compleja historia de los pueblos ayoréode en Bolivia y Paraguay, revelando los entramados relacionales entre seres humanos y no humanos en su medio vivo, así como una cotidianidad del pasado que permanece desconocida para gran parte de nuestra sociedad.

Rosa María y Bernd han logrado sacudir el dolor inmerso en cada testimonio para comprender la profunda humanidad de estas personas. Su trabajo ha fragmentado las imágenes subalternizadas que sistemáticamente se asignan a los ayoréode, reconociendo su agencia desde las múltiples dimensiones de su tránsito por este mundo.

Leer estas historias en clave de pasado, presente y salvaje resulta urgente, pues los elementos del pasado persisten en el presente, configurando las experiencias de violencia en estos territorios. Los discursos y prácticas de «civilizar al indígena» o de «progreso» continúan justificando la invasión territorial y los diversos biocidios resultantes de los incendios devastadores de los últimos años.

Bernd y Rosa María han dedicado sus vidas a interpelar estos mandatos “civilizatorios”, perpetuados por diversos regímenes, gobiernos y actores privados, principalmente en territorio boliviano. Para ambos investigadores, la selva, los pueblos que la habitan y ese entramado de vida en constante co-creación constituyen fuentes de sabiduría de las que debemos aprender y con las que debemos compartir formas de existencia.

Los pueblos ayoréode poseen conocimientos de orden científico sobre sus territorios y los seres que los habitan, demostrados permanentemente en su vida cotidiana. Este saber ancestral permite comprender los equilibrios ecosistémicos, tanto en las formas de alimentación como en la convivencia dentro de la selva del Chaco. A lo largo de las historias de vida de Iriyodi, Pajine y sus parientes, se aprecia el profundo reconocimiento de los ciclos vitales que determinan las formas de interdependencia en su mundo.

La historia de Iriyodi y Pajine, así como la de sus clanes, resulta crucial para comprender que mientras transcurría la Guerra del Chaco y en los años posteriores, el mundo ayoréode vivía sus propias guerras. Más allá de los conflictos entre clanes, existía una tensión constante con los cojñone —principalmente misioneros— originada en los interminables intentos de evangelización.

Los desplazamientos forzados y los enfrentamientos entre grupos ayoréode evangelizados y aquellos que resistían a los misioneros eran frecuentes, constituyendo una de las principales causas de muerte y separación de clanes. El término cojñone, que puede traducirse como «gente sin pensamiento correcto», refleja la percepción ayoréode de estos extraños: personas que realizaban acciones incomprensibles, carentes de sentido dentro de su cosmovisión.

En este contexto, invitamos a reconocer la agencia de Iriyodi y Pajine frente a estos otros —los cojñone—, a expandir nuestra imaginación para visualizar sus historias y comprender cómo la política se entreteje con sus cosmovisiones y cosmoprácticas en cada decisión vital y en todos sus devenires.

 
Historias de vida
 

Comunidad Ebotogué- Dpto. Boquerón
Filadelfia-Paraguay
27 de noviembre de 2002

 

Iriyodi Picanerai y Pajine Jnuruminé son ayoréode que vivieron en Bolivia, se casaron, y se fueron a radicar a Paraguay hace 15 años. Hoy viven en la comunidad Ebotegué en el departamento de Boquerón. Tienen seis hijos y una hija. Iriyodi tenía alrededor de 65 años y Pajine alrededor de 55 el año 2002.

 
Iriyodi:

Mis padres eran Ijnapui-gosode, y yo nací entre ellos. Dice mamá que yo nací en Teniente Martínez cerca del lugar de donde mataron al misionero Cornelio Issac. Mi vida en el monte fue muy difícil porque yo era un mitai huérfano. Los cojñone habían matado a mi padre cuando yo estaba pequeño. Yo era chico todavía, me crié con mi abuela.

Yo recuerdo que no había agua, teníamos que buscar sipoi 4 y mi abuela también buscaba garabatá 5 para comer. Mi abuela me decía: «no va a ir por otro lado, no va a caminar, me va a esperar hasta que yo traiga mi garabatá, mi doridie 6 para que usted coma». Y tenía que esperar nomás a mi abuela. Yo la recuerdo bien, pero no recuerdo su nombre. Mi abuela era muy gorda, poco morena, ella era madre de mi papá. No conocí a mi otra abuela, la madre de mi madre y mi abuelo murió antes de que yo naciera.

Cuando yo era pequeño siempre acompañaba a mi mamá y a mi abuela a recoger doridie. Luego colocábamos un montón de leña ahí, y prendíamos fuego para poner encima de las brasas el garabatá.

En la noche dormíamos donde nos quedábamos con toda la gente cuando estábamos en un degüi 7, el día siguiente salíamos y caminábamos hasta el atardecer y nos quedábamos en otro degüi. Así caminábamos. Solamente en época de chacra nos quedábamos alrededor de 5 a 6 meses hasta terminar los zapallos. Recién salíamos luego otra vez a caminar, a buscar para comer.

Yo me acuerdo todavía de que mi mamá me ayudó mucho a mí, y yo también ayudaba a mi mamá. Siempre buscó para que yo tome sipoi y también me daba otras cosas, así yo ayudaba a mi mamá y mi abuela. Ellas me ayudaron mucho a mí. Buscábamos alimentos como las doridie, cuteri del monte. Mi mamá no subía a los árboles, ni yo tampoco porque estaba pequeñito todavía.

Hay una miel a la que los bolivianos le decimos señorita, y esta miel está siempre debajo de los árboles, esa no más era la que recogíamos. Hay también miel de pico, miel jutaí, miel ererú, miel orojnonie que es la abeja que vive en la tierra y es difícil de sacar.

En el monte hay muchas cosas para comer, como adoi, dajnui, dajusudie 8 que es parecida a la tuna. No hay aquí, solo hay por allá en Pitianatuta y Teniente Martínez, es como la tuna con espinas, hay mucho en Faro Moro; a su tronco le llamamos dajusua. También tomábamos natingaranéjna 9 que es como una tuna grande de donde sacamos agua como el sipoi, pero tiene espinas. Otro alimento es el garabatá, adode y cutérone.

¡Mi abuela me cuidó mucho! Me daba de comer, me daba de tomar agua. Ella la que buscaba en los huecos de los árboles. En cualquier árbol hay huecos y ahí se almacena el agua, esta agua en ayoreo decimos iría.

Mi abuela buscaba miel para mí. Yo quedé al cuidado de mi abuela porque mi madre se fue a otro lugar, ella era joven todavía y buscaba marido. Entonces mi abuela era mi madre. Yo dormía junto a mi abuela, y al despertar al día siguiente mi abuela me decía «levántese no hay para comer» entonces teníamos que ir a buscar doridie. A veces había para comer, pero otras veces no había y era difícil.

Cuando quería llover mi abuela hacía una casita como una chocita en forma de horno. Mi madre me enseñó como construir una casita. Cuando llovía era difícil porque no había para comer, mi abuela decía «bueno, ¿qué vamos a hacer?, vamos a buscar doridie y adoi» que es un bejuco trepador.

También hay pujnúrucuode que es una raíz muy linda y se cocina igual que camoi ijmose que es como la batata. Ijmose nejano es como la papa, es chica, pequeña y no está profunda, además se da en cualquier tiempo. Cuando había mucha mi abuela cavaba y nosotros detrás de ella la cosechábamos, se pone al fuego para cocinar.

Para comer en el monte hay daturábie, abuedie, darujnadie, jmatocode, que se la come cuando es tiempo de lluvia. Cuyade es como el poroto y su fecha es de enero a febrero. Nujnane es el palmito, esode es una fruta de color negro como una uva chica y si uno come mucho de esta fruta se quema la lengua y la boca. Parece que esode tiene una espinita en la parte de atrás que es lo que quema la boca. Todos estos alimentos tienen su estación en el año.

De los animales que comemos están la darade que es un peto (abeja o avispa) de la que se come hasta su colmena. Posingane es de color blanco y comemos, así como lo que está encima de la ajidabia 10, y es muy rico. Otros animales que cazamos son dosipéode y yajogue 11, estos no son fáciles de matar. Cazamos el chancho de tropa que le decimos ñacore. En todo el año había mucho ñacore y más todavía cuando no había agua, porque venían a buscar la aguada de Faro Moro que no secaba en época de frío, venían ahí muchos chanchos de tropa. Hay otro puerco en Bolivia el taitetú. El toto 12 era difícil cazar porque corre mucho.

El guaso no comemos los ayoreos, tampoco el peji. El peji podían comer solo los viejos que no pueden caminar. Pero la peta, corechi y el tatú sí. Apiejnane, las tortugas chicas, aunque no tiene mucha carne son muy ricas.

Cuando cazábamos un chancho negro, este seguía corriendo 100 metros más y de ahí lo alcanzábamos nosotros y terminábamos de matar con lanza o con una flecha. Cuando yo era joven yo maté muchos de esos, mataba hasta tres de una vez, y matábamos bandera también. En cambio, el yajogue, oso hormiguero, cuando huele gente corre nomás.

Antes nosotros comíamos suaria, el loro, es muy rico. Comíamos quiquiabia también, que es el loro chico, este tiene un nido grande y para sacar a las quiquiabia subíamos a la palmera con enuei (la piola) y guebei 13 para cortar y hacer caer el nido, luego prendíamos fuego y se asaban las quiquiabia, es muy rico. Ahora ya no comemos quiquiabia porque vendemos los loros.

En el monte uno tiene que ayudar a sus parientes a buscar alimentos, por ejemplo, si la madre de mi señora no va por doridie o garabatá uno tiene que darle para que no sufra de hambre.

Pasamos muchas cosas en el monte. Había dacasutédie 14 muy malos, que mataban a los huérfanos y eso hacía muy difícil la vida. Cuando yo estaba de 12 años un dacasuté me quiso matar, pero mi tío me salvó, mi tío era padre de Akirai, que vive en Bolivia. El dacasuté me quería matar porque él pensó que su señora me quería a mí, él estaba celoso, aunque yo era chico, un mitai como para casarme. El dacasuté vino con su asore 15 listo para matarme, pero mi tío se opuso, no quiso que me matara y le dijo: «Su mamá me da de comer a mí, me da mucho». De esta manera me salvó.

Yo iba con mi tío a buscar miel. Él siempre me hablaba «yo voy a ir mañana y voy a ir contigo a buscar miel» y yo iba a ayudarle a buscar miel de pico. Pero había veces que no se encontraba más miel, ni tortuga y sufríamos un poco. En esas situaciones los parientes nos daban y daban también un poco de alimentos para que cocinemos.

Yo tenía muchos problemas en el monte. Cuando los Guiday-gosode mataron a los Totobié-gosode yo estaba ahí, estaba con los Totobié-gosode, pero mi tío me salvó, él era hermano de mi mamá. Le dijo al dacasuté: «Yo voy a hacer que Iriyodi me ayude, que haga algo para mí, por eso no tiene que matarlo», y esto me salvó. Pero mataron a todo mi grupo, a todos los Totobié-gosode.

Sucedió que vinieron los Guiday-gosode, los del grupo de Uejai, a matarnos. Estábamos ahí, cerca de Pitiantuta cuando vinieron a matarnos. Mataron a Akidé, a Jané y a otros ¡Mataron a toditos! Solo salvaron a tres personas, a Cutaiquedejnai con quien mi madre se había casado antes, a un mitai de unos 15 años y el tercero era yo, pero a los otros los mataron.

Yo pasé muchas cosas en el monte. En ese entonces yo tenía unos 19 años. Estábamos cerca de Pitiantuta cuando vinieron los Guiday-gosode de las Salinas cerca de Santiago. Ellos vinieron a buscarnos cuando nosotros estábamos de ida a Echoi, hacia las salinas de allá de Bolivia, y ellos vinieron de Garay-isigode, venían de lejos a matarnos. Justo cuando nosotros íbamos por la sal.

Una empresa paraguaya abrió camino hacia Bolivia. En ese camino encontramos gente. Luego de encontrar a esos cojñone pasamos al otro lado, fuimos a salir al otro lado, mientras los Guiday-gosode pasaban por ahí. Era tiempo de frío, seguramente era junio o julio, y nuestro dacasuté dijo: «Ustedes tienen que ir por allá…y cuando volvamos de la sal nos vamos a encontrar por allá…» Nuestras mujeres y nuestros abuelos quedaron por el camino mientras los otros continuaron caminando hacia las Salinas. Pero los Guiday-gosode descubrieron el camino de nuestras mujeres y se fueron detrás de ellas y las mataron a toditas. Mataron a Chadáquide que era el jefe de mi tío, que se llama Jonoini Chiquenoi quien era hermano de Etocacoi. Lástima que en ese momento Jonoini estaba buscando miel, se había subido a un árbol que se llama pico y justo ahí lo encontró Uejai, entonces tumbó el árbol. Mataron a más de 30 mujeres y a muchos niños y a tres hombres. Yo vi todo. Yo me salvé porque mi tío estaba en el grupo de Uejai. Mi tío se llama Joré, hermano de mi mamá. Él tiene una hija en Ebetogué, es la señora de Mariano Picanerai.

Hay ayoreos que dicen que en el monte las cosas son facilitas, pero yo le digo que no. Las cosas del monte son un peligro. Si uno deja a su hijo, un dacasuté lo va a matar por ser huérfano. Aquí (entre los cojñone) se vive más tranquilo, aunque pasa hambre.

¿Por qué Uejai persigue a los Totobié-gosode?

Yo he escuchado que había unos grupos que eran parientes de Uejai que querían ir al monte, pero otro grupo volvió allá, y uno de ellos dijo: «Bueno yo voy a matar a esos que vuelvan con Uejai porque él va a contar cosas malas y Uejai nos va a perseguir a nosotros y nos va a matar». Su mismo pariente que se llama Naijaminé quería volver con Uejai, pero otro no quería que vuelva, porque de repente este le podía contar algo a Uejai para que vaya a buscar al que mató a su pariente. Aunque su mismo pariente lo mató a ese. Pero Uejai decía que eran los Totobié-gosode los que lo mataron y por eso él quería ir detrás de los Totobié-gosode para matarlos. Nosotros los Totobié-gosode estábamos viviendo tranquilos ahí, pero luego nos hicieron ese problema que no era cierto.

Antes, cuando yo era mitai pasó lo que yo escuché. Esto es solo un cuento, solo lo que me contaron. Le contaron una mentira a Uejai, le dijeron que los Totobié-gosode querían buscarlo para matarlo y en realidad (era una trampa contra Uejai) lo que querían era que Uejai busque a los Totobié-gosode para matarlos.

Había un dacasuté, viejito que yo lo conocí, pero no me acuerdo de su nombre, solo sé que su hija era Coide. Parece que dijeron que ella quería buscar a Uejai para que lo maten, pero era mentira. Los Totobié-gosode eran grupos pequeños y no querían provocar, no querían hacer esto. Después de llevar este cuento a Uejai, el grupo de Uejai mató a Coide. El cadáver está más acá de Echoi, ahí la mataron. El grupo de Uejai se vino a buscarnos y cuando la encontraron a Coide la mataron.

Cuando yo tenía como 20 a 22 años yo quería matar a la gente, porque el dacasuté nos enseñó que si uno mataba podía ser dacasuté también. Pero yo nunca pude matar, mi tío me deseaba que yo fuera dacasuté cuando yo fuese grande.

Me gustaba la fiesta del asojna, sobre todo cuando se pintaban de rojo con el curude. Pero los misioneros nos dijeron que ellos no conocían esa fiesta del cuyabo, y decían que nosotros los ayoreos solo creíamos en eso. Pero ellos no saben que nosotros le teníamos miedo a la asojna solo en la fiesta.

Yo me acuerdo del taboidi que es también como una fiesta. Es cuando los ayoreos buscaban miel en el monte y cuando traían esa miel no podían comer las mujeres. Por ejemplo, si yo llevo mi catoja con miel le doy a uno y este me tiene que dar otra cosa a cambio 16.

Igual que en la fiesta de la asojna, las mujeres no comen y tienen que estar calladitas, tienen una cruz najurúi. Los misioneros pensaban que la gente ayorea sabía de esta cruz, pero no. Es un secreto nomás para las mujeres que tienen hijos, ellas no quieren fiesta, se quedan entre las mujeres que tienen hijos y ya no quieren ir a la fiesta. Cuando vienen todos los jóvenes al campamento recién ahí…cuando uno es joven no puede hablar con su señora, solo los ancianos pueden hablar porque es un peligro en la fiesta de la asojna. No se podía hablar con las mujeres en el campamento. Uno traía mucha miel y no tenía que hablar, tenía que estar tranquilo.

La pareja

Cuando la mamá quería a ese muchacho de pareja manda a decir que su hija se case con él. Cuando hay un muchacho guapo en el trabajo, trabajando con su familia, así como cuando este mata muchos chanchos negros y yajogue, la madre de la mujer dice: «Hay que casarse con ese muchacho porque es guapo y nosotros vamos a comer de su caza.» Es lo mismo que con el hijo del dacasuté, que mandan para que se casen con él. Hay veces que uno hace matrimonio porque habla con su mamá y dice: «¿Usted ama a mi hijo? Entonces tiene que casarse no tiene que dejar a mi hijo». Así también se hace el matrimonio.

Cuando una muchacha quiere un matrimonio tiene que ir de noche a hablar con él, y se suele decir: «Quiero casarme con vos, pero no sé si usted me quiere a mí, mi mamá lo quiere a usted, pero no sé si su mamá me quiere a mí también.» Y se habla mucho de esto, del matrimonio.

En caso de que una pareja se ame mucho y sus padres no quieren que se casen, la pareja deja a sus padres y toma la decisión de irse, dejan a sus padres y dicen: «Yo quiero a este joven, pero ustedes no lo quieren, por eso me voy a ir a otro lugar».

Yo viví con una mujer en el monte como dos a tres años, pero no tuve hijos y después los Guiday-gosode la mataron a ella. Después yo estuve con Asigué por dos años y luego tuve una hija con Asigué, mi hija se llama Dijichugé. Esa vez hablamos con unos cojñone en Madrejón y ellos nos dieron poroto podrido que en ayoreo se dice dijichugué y justo después de eso nació mi hija y por eso la llamamos Dijichugué. Ahora ella está en Campo Loro. Después yo me casé con esta mi señora Pajine en 1966 y en 1968 nació mi hija.

 

El contacto

Antes, cuando yo estaba en el grupo de Uejai, vinieron de Bolivia un grupo de ayoreos con el misionero Guillermo Pencille a buscar al grupo de Uejai. La gente de Bolivia empezó a buscar a Uejai repartiéndose unos por un lado y otros por allá. Por eso unos vinieron a Paraguay con el misionero Guillermo.

Este fue el encuentro con Santiago Comai en las Salinas. Cuando el grupo de Uejai se encontró con Comai nosotros estábamos ahí.

Vinieron tres hombres ayoreos con el misionero, Comai, Araere, y Urabi, después ellos volvieron a Zapocó, pero después vinieron otra vez y fuimos con ellos a Garay-isigode por tres meses. Después de esto vino el grupo del dacasuté Nutüi, vinieron a Garay-isigode, querían matar al anciano ahí, pero huyendo estaba junto con el misionero buscando a Uejai, pero ya no quería matarlo. Entonces decidió volver a Tobité y yo fui con él y con otros ayoreos.

En Garay-isigode había una pista, vino la avioneta para llevarnos. El misionero mandó a tres ayoreos a hablar con nosotros, ellos no venían a matarnos, pero nosotros no entendíamos lo que nos decían.

Cuando nosotros fuimos a traer echoi , no estaban las mujeres. El grupo de Uejai también había ido a traer echoi, y en Echoi estaba el grupo de este misionero, en las Salinas.

Él siempre llevaba regalos, los había puesto ahí, nosotros encontramos: machete, camisa, sal, ropa y otras cosas. Parece que este misionero nos buscaba porque había puesto el echoi donde nosotros siempre sabíamos. Cuando fuimos a buscar echoi, encontramos las huellas de la camioneta del misionero. Ahí fue donde encontramos regalos. Los ayoreos Guiday-gosode dijeron: «parece que los ayoreos están muy mansos no se enojan con nosotros.»

Había cobia y plumas ahí. Después de esto algunos pusieron el echoi en su bolsa, pero otros todavía no se habían llevado, los que no habían sacado la sal. Tuvieron que ir a Echoi a traer, alrededor de unas quince a veinte personas. Por eso es que el misionero vio que las huellas de los ayoreos estaban ahí fresquitas.

Cada día o cada dos días iban los ayoreos a Echoi por eso pudo ver las trillas de los ayoreos del monte. Ellos se acercaron justo cuando los ayoreos estaban sacando la sal.

El misionero que observaba a los ayoreos les dijo a sus acompañantes: «ahí están los ayoreos.»

Entonces el misionero largó a los ayoreos, pero él se fue a un lugar que se llama Turujupi que está como a 15 kilómetros de Echoi. Se llevó la camioneta, se fue solito no más, sin miedo. Él tenía una radio activa que funcionaba con manija. Avisó a Zapocó que había encontrado a ayoreos del monte y que iba a ir con ellos a Zapocó. Y el que nos siguió a nosotros fue Santiago Comai. Él fue el que nos encontró.

Él estaba con dos ayoreos que le dijeron vamos a matar a esos Guiday-gosode, pero Santiago Comai dijo «¡No!», y el otro dijo: «vamos a tirarles, vamos a matarlos porque estos Guiday-gosode antes mataron a los Direquedajnai-gosode.» Pero Santiago Comai dijo que había venido en paz y que no quería matar, quería llevar a los ayoreos a vivir con los cojñone. El hijo del dacasuté de Bolivia llamado Ichiaidequide estaba ahí también. Él es Urabi Picanerai, hermano de Ichegai. Él estaba todavía vivo, aunque era anciano. Después vino Santiago Comai y nos gritaba: «Soy Direquedajnai-gosode, vine a buscarlos a ustedes, vine en paz.»

Pero nosotros teníamos miedo porque sabíamos que él usaba armas, además de que había pasado ya dos años de cuando los Direquedejnai-gosode mataron a no sé cuántas familias de Guiday-gosode en las Salinas de Santiago. Mataron a toditos con armas, ese fue el hermano de Santiago Comai que se llama Natüi, que mató al dacasuté de los Guiday-gosode, llamado Torojiguede. Por eso teníamos miedo.

Yo estaba casi al último, porque yo vi a Idaide, mi dacasuté, yo lo estaba observando nomás porque parecía que no salía. Por si acaso a uno de los Direquedejnai-gosode se le podía ocurrir tirar con fuego a otro y todos iban a correr. Yo tenía miedo que le tiren a mi dacasuté, porque si le tiraban yo hubiera tenido que llevarlo. Yo pensé que si él muere junto a mí yo lo podría llevar.

Yo escuché que dijeron así:

«Es Soroinajui de los Guidaygosi.» Pero otro contestó:

«¡No! Es Oinajui, es de los Direquedejnai-gosode.» Hablaron y hablaron así.

Mi compañero que ahora está en Ebetogué, se fue a hablar con Santiago Comai y vio que Comai tenía un revolver 38, el otro también tenía arma, pero el tercero no.

Luego llegamos ahí y hablamos todos. Comai decía que había venido con el misionero, pero el misionero no estaba ahí. Dijo que había venido en paz y que no buscaba a los ayoreos para matarlos.

De ahí lo encontramos al misionero en las Salinas de Santiago. Yo estaba con Eroi y con un hijo de él, Yojade Jnuruminí y con Chungupeine. Nosotros fuimos a sacar la sal de Echoi, y nos volvimos al monte. Sacamos poco porque llevábamos una historia grande a donde estaba Uejai que se había quedado a cuidar a su grupo mientras nosotros habíamos ido con otro dacasuté. Había como 120 personas, fuimos ocho a ver al misionero que había venido con cuatro personas.

El misionero había venido con un machete grande y preguntó a Comai.

«¿Cómo se llama el jefe de este grupo?» Y Comai dijo:

«Es Idaide porque Uejai no está aquí.» Entonces el misionero dijo:

«Este machete es para Idaide, tienes que dar este machete al dacasuté.»

Ahí yo ya volví. Yo dije que iba a llevar ese machete para dar a Idaide. Cuando yo llegué a donde Idaide yo le conté y le entregué el machete, él se puso contento.

Un grupo de los Guiday-gosode mataron a la hija de Idaide. Ella se llamaba Bague, era una joven de 18 años o 19 y por eso Idaide quería matar al que mató a su hija. Pero cuando yo le traje su regalo él se puso contento y ya no pensaba matarlos, dijo: «Gracias por el machete, ya no los voy a matar, es cierto que ellos son buenos.»

Cuando el misionero vino a hablar con nosotros ya sabíamos que había venido con tres ayoreos que nos hablaron claramente que no nos querían matar. Si el misionero hubiera venido solo, puede que lo hubiéramos matado, como mataron a cinco misioneros allá cerca del Rincón del Tigre. Eran misioneros americanos.

Dos o tres años antes, sucedió que un misionero que vivía en Charagua encontró a un Ayoreo y le habló algo que él no pudo entender, no entendía nada. No sabíamos castellano. Por eso esta vez el misionero vino con tres ayoreos para decirnos que nos venían a recoger para vivir con los cojñone y que no querían matarnos. Nosotros, parece que no pensamos mal.

Yo ya estaba casado, ya tenía mujer cuando salí del monte. Yo salí con Asigué y Dijichugué, y yo le dejé aquí y me fui a Bolivia y no volví más. Solo volví a Garay-isigode.

Es cierto que yo dije que los Guiday-gosode siempre hacían la guerra a los Direquedejnai-gosode quienes tuvieron que correr allá, al río Parapetí. Los Guiday-gosode fueron de a poco a poco ahí porque querían vivir en el río Parapetí, pero no pudieron porque era difícil saber quiénes eran sus enemigos y dónde los iban a encontrar a estos. Si uno sabe que esos son sus enemigos, tiene que matar.

Después el misionero se fue a Zapocó y nosotros volvimos al monte donde estaba el grupo de Uejai, y le contamos de que habíamos encontrado al misionero y a los Direquedejnai-gosode. Le contamos que venían en paz.

Había un misionero que estaba con los Nivaclé y este misionero siempre buscaba a los ayoreos por aquí por el Paraguay. No sé en qué año el jefe del grupo de Uejai mató al misionero, al misionero Cornelio Isaac. Este misionero amaba a la gente ayoreo, él siempre llevaba galletas y otras cosas y dejaba ahí donde siempre iban los ayoreos del monte y nosotros las encontrábamos. Él conocía las huellas de los ayoreos.

Yo estaba ahí el día que mataron al misionero Isaac. El misionero Isaac dejó muchos regalos para los ayoreos en ese lugar que se llama Tujnujugaté. Había un caminito viejo por donde llegaba con su jeep. Parece que de ahí caminaba trayendo camote cocido, bolsas de galletas que nosotros no comíamos, traía la biblia que la dejaba ahí para nosotros, pero no sabíamos de eso. La biblia la botábamos. Siempre llevaba yuca, pero eso tampoco comíamos. Además, nos dejaba camisas que las utilizábamos como colchas. En realidad estos regalos no nos servían, no sabíamos para qué eran. Y por eso nosotros no le dejábamos nada porque lo de Isaac no nos servía.

Nosotros le esperábamos, éramos mucha gente que lo esperábamos, nos quedábamos todo el día. Una vez vino hasta que la gente del grupo de Uejai se enojó y quería matarlo al misionero, pero otros se opusieron. Así pelearon entre unos y otros. Nos quedamos ahí un día, la mañana siguiente fuimos a un campamento grande. Por ahí lo encontramos al misionero, él empezó a hablarnos, pero el hijo de Uejai vino con una lanza con aguja y lo sunchó.

Luego llegamos al campamento de los paraguayos y de ahí se lo llevaron herido a Cornelio Isaac. El hijo de Uejai lo mató porque quería ser dacasuté.

De que yo sepa Isaac Cornelio fue solo dos veces a dejar regalos y en la tercera lo mataron. Lástima que lo hayan matado a un misionero bueno. Él quería llevarnos a Filadelfia a vivir, él nomás quería eso. Pero nosotros no queríamos. Yo escuché que él dijo: «si los ayoreos del monte quieren venir vamos a hacer un lugarcito para ellos para que vivan aquí.» Sé que esto le dijo a su dacasuté menonita.

Después de eso nos volvimos a ir hasta las Salinas de Santiago a Garay-isigode. Cuando los misioneros americanos supieron de esto, de la matanza del misionero, decidieron buscar a los ayoreos del monte.

Por eso hablaron con Santiago Comai, quien buscó a unos ayoreos para ver si querían ir a buscar a los ayoreos. Y así nos buscaron hasta que nos encontraron. Éramos un grupo grande los de Uejai.

El dacasuté Idaide, padre de Joini Etacori, estaba ahí también, así como Eroi Jnurumini.

Idaide es también mi padre porque cuando me querían matar, mi tío me entregó a Idaide para que yo sea su hijo. Mi tío Noene le dijo: «toma a Iriyodi para que sea como tu hijo.» El grupo de Uejai mató a mi compañero y mi tío me salvó a mí, no dejó que me mataran. Yo era como su hijo adoptado, en ese entonces yo tenía como 21 años. Después yo salí a Bolivia y estuve por allá como hasta mis 23 años.

El misionero que vivía en Poza Verde era de la Misión Sudamericana y el que vivía en Tobité era de la Misión A Nuevas Tribus.

El misionero que trabajaba en Poza Verde dijo que su misión era pobre y que la Misión A Nuevas Tribus era rica. El misionero que vivía en Poza Verde y don Roger Kenny ayudaron un poco. Ellos llevaron muchas veces a los ayoreos hasta Pailón y no cobraban pasaje, en cambio aquí el misionero, si llevaba a un ayoreo, le decía: «dame 10.000, págame mi camioneta.»

La Misión Sudamericana era buena en Bolivia, ayudaron en casos de operación.

En 1968 fui a las Salinas con el misionero sudamericano que trabajaba en Poza Verde por última vez a buscar a los ayoreos del monte en el Paraguay porque yo sabía que los ayoreos buscaban sal ahí, en las Salinas de Santiago.

Yo fui con el tío de mi señora y otro ayoreo. Éramos tres ayoreos y un cojñone llamado Luis. Con ellos llegamos a Echobabi en las Salinas chicas. Ahí encontramos a un cazador que buscaba putugutoi, cuero de tigre y gato montés.

Él nos contó que había visto ayoreos allá en el monte donde hay un echoi grande. Pero el misionero no creyó y dijo: «vamos a ir a las Salinas grandes y no va a haber nada de trillas y después vamos a volver.»

Y así hicimos, fuimos y nos quedamos un día ahí, y después al volver encontramos al mismo cazador. El misionero le preguntó dónde vio ayoreos. Y él dijo: «Yo he visto allá, cuando fui a ver mi trampa, yo los he visto ahí, sentí miedo y por eso volví a mi casa.»

Así como a estas horas en el mes de agosto de 1968 buscamos las trillas de los ayoreos y el tío de mi señora fue el que encontró las trillas. Luego llevó un poco de sal en una cáscara de samuhú, puso en tres lugarcitos. Cuando el misionero vio dijo: «si es cierto son ayoreos del monte.»

Al otro día por la mañana después de seguir el caminito encontramos una casa grande, y el misionero dijo: «Iriyodi, hay mucha gente aquí, tienes que cuidarte bien aquí porque hay mucha gente.»

Caminamos un rato, luego oramos a Dios. Después me dijo: «no va a pasar nada.»

Había nueve familias, el dacasuté era el hijo de Jurui. Se llamaba Enuei quien después se fue a Poza Verde. Pero toda la gente le llamaba Juide. Cuando lo encontramos yo fui con el misionero. Hacía mucho calor y soplaba un viento fuerte del norte.

Cuando llegamos al campamento de ellos estaba una mujer sacando la pulpa de garabatá, pero ella no se dio cuenta de nosotros porque había mucho viento. Ella no nos escuchó llegar.

Yo le dije al tío de mi señora: «Mira ahí hay una señora y no nos ha visto.» El jefe de ella estaba cerca de ella. Estaba sentado sacando hormigas, parece que después de caminar le dolían las piernas, parece que tenía reumatismo. Por eso él se hacía picar con las hormigas, con achocai. Se las ponía alrededor de su rodilla para que le piquen y así hacerse pasar el dolor. Estas hormigas son negras, son algo chiquitas. Viven debajo de la tierra y se llaman achocaicutata. Esta hormiga negra entra de noche a las plantaciones y corta las plantas. Pero no es el sepe.

Después ella nos vio y dijo: «¡Son cojñone!» pero luego dijo «¡Ayoreos!» Yo tenía a mi perro, y mi perro corrió tras ella, y ella lo quiso matar. Yo le dije: «no tiene que matar a mi tamocoi, hemos venido para buscarlos y llevarlos donde nosotros que vivimos con los cojñone.»

Ella pensó que éramos cojñoi que hablan ayoreo. Ella dijo: «¿A ustedes se les entró ese loro que habla ayoreo?» Ella pensó así de nosotros porque estábamos vestidos con camisa y ropa.

Había nueve mujeres ahí, estaban sacando agua de sipoi, era tiempo seco. Y parece que los otros estaban buscando sipoi.

¡El dacasuté se enojó muchísimo! ¡Se enojó fuerte! Él tenía una lanza con aguja grande, quería suncharnos. El tío de mi señora estaba cerquita a él, y yo estaba más aquí. Entonces, él quiso suncharme con un asore, pero muy rápido yo agarré el asore, y le dije: «¡No! No tiene que matarme, yo vine a buscar paz, yo tengo paz para vos, no vinimos para matarlos.»

Yo escuché del jefe que se enojó con el tío de mi señora y con su compañero, entonces yo dejé a las mujeres y fui ahí.

El dacasuté me preguntó: «¿Quién era tu padre?» yo le contesté:

«Parece que usted no lo conoció, se llamaba Porojoi»

«Yo no me acuerdo de ese,» contestó el dacasuté. Y luego preguntó al tío de mi señora.

«¿Quién era tu padre?»

Y él dijo: «Se llama igual que usted.»

«Yo me llamo Yuigue, y ahora ¿cómo se llama su papá?» Y el tío de mi señora contestó:

«Mi papá se llama Itainue»

«¡Ah! Conozco a su papá, él es mi pariente, porque yo soy Dosapei.»

Desde ese momento ya no se enojó, pero luego le preguntó a mi compañero:

«¿Quién era tu padre?»

«Parece que usted conoce a mi papá, el hijo de mi papá se llama Yojode.»

«¡Ah! Claro que yo conozco a su papá, él es mi pariente, él vivió conmigo cerca de Echoi. Gracias que ustedes vinieron a llevarnos con los cojñone para vivir con ellos.»

Cuando vi que ya no se enojaba más y que sabía que veníamos en paz, yo fui, otra vez donde estaban las mujeres, pero ya se habían ido. Ellas habían corrido de nosotros porque tenían miedo de que disparemos las armas. Yo tenía un rifle 22 y mi compañero una escopeta.

El dacasuté tenía cuatro compañeros que estaban en el monte, Enueine, Cutaine, Sabiade y Sabadiaqui. Estaban buscando miel, porque no tenían más, era tiempo de sequía; tampoco tenían agua, sacaban de sipoi.

Yo le pregunté al dacasuté:

¿Puedo buscar a su hijo? Y él contestó:

«Sí, puede buscarlo porque mi mujer corrió y puede ser que ella lo haya encontrado allá y se lo llevó.»

Yo le dije al tío de mi señora:

«Usted se va a quedar aquí con el misionero y yo voy a ir con Aside a buscarlo»

Así nosotros seguimos el camino acompañados de una señora anciana. Ella nos dijo:

«Yo tengo dos hijos, y los voy a acompañar.» Yo le di un machete con mango grande y le dije:

«Esto es para usted, cuando encontremos a su hijo yo le voy a regalar.»

Nos fuimos por el caminito hasta que encontramos al hijo de ella. Ella iba cansada detrás de nosotros. El hijo de la anciana no nos vio, él iba tranquilo por el camino, parece que él sabía dónde estaban las mujeres. De repente nos vio y corrió. Entonces yo le dije:

«¡No! ¡No somos cojñone! Somos ayoreo, no corra, quédese ahí. Su mamá está con nosotros.»

Él se paró. Y yo fui donde estaba él, y llamé a la señora anciana. Ella gritó:

«¡No tiene que correr! No tiene que matar a estos porque ellos han venido a buscarnos para llevarnos con los cojñone. Su tío está allá con los cojñone.»

Cuando llegamos donde él estaba nos dijo:

«Casi yo corro porque pensé que ustedes eran cojñone.»

Yo le contesté

«¡No! No somos cojñone, somos ayoreo, yo me llamo Iriyodi y él se llama Aside Dosapei. Y hay tres más de nosotros en el campamento.

Teníamos que seguir para buscar al otro, al hermano de él. Para esto ya las mujeres habían encontrado a Tuchide y a Sabiade. Él se enojó mucho y quería matarnos. Entonces yo le dije a la anciana»

«Tiene que ir usted con él para aconsejarle a su hijo que nosotros no queremos matarlo, hemos venido para llevarlos a vivir con los cojñone.»

Ella fue a hablar, luego vino donde estábamos, y nos preguntó.

«¿Qué es eso que usan?»

Yo le contesté:

«Es un arma que llevamos así nomás, pero no la usamos para matar.»

Con estos dos fuimos a su campamento y allá estaba Enuine, Sabiadaquide que se llama Tocabi (Docabi), ellos eran Jnupedo-gosode.

Tocabi, antes había peleado en otras guerras y tenía muchas heridas, por eso no aguantó la caminata de salida a la misión, él se murió en el camino a Poza Verde.

Juide también murió porque era muy anciano.

 

Las Guerras

En el monte hubo dos guerras de Uejai, una en la que quiso matar a todos mis parientes. Esa fue una guerra grande.

Cuando yo fui a Bolivia, los bolivianos todavía se acordaban de la guerra de nuestros padres. Los Direquedejnai-gosode pelearon con los Guiday-gosode.

Pero los dacasuté ya no se querían acordar, solo nos acordábamos los que éramos jóvenes.

Los ayoreos de Bolivia mataron a no sé cuántos ayoreos de Paraguay aún estando civilizados.

Mataron a un ayoreo paraguayo de Tobité, mataron al hermano de Chicócude, mataron a un joven de 18 años que estaba trabajando al norte de Santa Cruz, mataron a otro de Cañada Larga, también a Atairé que era dacasuté entre los ayoreos del Paraguay, mataron al chamán del Rincón del Tigre y a otros cuatro más. ¡Ah! También a unos que estaban viviendo en San José de Chiquitos.

Querían matarme a mí también cuando yo estaba en la casa de un pastor de Tobité y hacíamos reunión. Hay un lugar que se llama Fátima, cerca de San José. Ahí toda la gente dijo que iban a hacer una trampa, una mentira a Iriyodi. Dijeron «le vamos a decir: vamos a hacer un trabajo allá,» y lo llevamos y lo matamos.» Yo me enteré por uno que vino a decirme que había sido avisado por un ayoreo paraguayo que no quería que me maten.

Estos que querían matarme querían que todos los ayoreos de Bolivia, que ayudaban a los ayoreos de Paraguay nos maten.

Jutoi es mi pariente, es hijo de la hermana de mi papá. Parece que no quiso que me maten porque dijo que yo era su pariente.

Pero el dacasuté de los Diriquedejnai-gosode dijo: «bueno hay que ayudar a que maten a Iriyodi y lo vamos a matar junto a Suacarane.» Él quería que nos lleven a nosotros a unos 8 a 12 kilómetros de la ciudad para matarnos.

Pero antes de saber todo esto, en la mañana fuimos allá. Y allá mataron a Suacarane tirándole con un arma 44 de bala grande y otro me tiró a mí, pero no salió el fuego, y ahí yo corrí y corrí llegando a un camino para pasar a San José y avisar a los misioneros.

Cuando llegué y avisé a los misioneros ellos no me creyeron que ellos nos querían matar a nosotros porque Icae era pastor, pero él no estaba ahí, no quería atajarlo a él.

Había un misionero Guillermo Pencille que dijo «vamos mañana para ver si es verdad que el grupo del dacasuté Amitaide los quería matar a ustedes y a su compañero.»

A la mañana siguiente fuimos y llegamos donde estaba el grupo del dacasuté Amitaide, pero ellos se enojaron conmigo.

Se enojó fuerte Amitaide, parece que él no quiso que yo avisara que ellos nos querían matar y que había ya matado a Suacarane. Entonces Amitaide dijo «nosotros no los matamos, ellos mismos pelearon y Iriyodi mató a Suacarane.» Pero yo contesté: «¡No!, ¡Es mentira! Ellos mataron a Suacarane y me tiraron a mí pero el arma no les dio fuego. Entonces el misionero me dijo: «no tiene que quedarse más aquí, tiene que salir a Tobité.»

Los ayoreos bolivianos me quisieron hacer una guerra grande a mí, pero gracias a Dios que no salió el fuego de esa arma y que no morí.

Ellos nos querían matar en venganza por la guerra en la que pelearon nuestros padres Direquedejnai-gosode y Guiday-gosode. Los muchachos jóvenes no se olvidaron de esa guerra, en cambio los ancianos, los dacasutés no quisieron acordarse más de esa guerra porque ya creían en Dios.

Esta fue la última guerra, aparte de la de Uejai en la que yo estaba con los Totobié-gosode. Hay otra de las que conté cuando yo tenía 12 años. De esa en la que me quería matar ese señor que pensó que su señora me quería, pero mi tío me salvó cuando le dijo: «la madre de Iriyodi me da de comer mucho.»

Recuerdo que cuando yo tenía 10 a 12 años otro quería matarme, pero ahí estaba Cutamorajai, el papá de Erui y no quiso que su cuñado me mate.

Cuatro veces intentaron una guerra contra mí. En el monte había mucho peligro, sí, mucho peligro, era sumamente peligroso porque si el dacasuté ve un huérfano tiene que matarlo.

O si ya es un anciano tiene que matarlo. Eso era grave. El tigre también era un peligro.

Mi abuela me enseñó que, si yo voy a buscar dajusui tenía que ir con un amigo o con ella porque de repente viene un guerrillero y me mata. Si uno va por agua, tiene que ir acompañado. Hay muchos peligros como las víboras de noche.

En cambio, ahora todo es tranquilo, toda la gente cuida a los ancianos, a los choquijnai y atabia.

Por ejemplo, si en el monte el marido de mi hija la deja, el hermano de mi hija tiene que matar al hijo de ellos y la hermana no le hace problemas.

Si llegaba el frío, había que buscar la leña y hacer el fuego alrededor de cada uno porque en el monte no hay con qué taparnos, y aquí ahora es muy tranquilo.

Los primeros ayoreos que empezaron a vivir con los cojñone fueron los Direquedejnai-gosode. Y ya sabíamos en el monte que esos ayoreos estaban con los cojñone en Bolivia.

Parece que los ayoreos antes de que vivan con los cojñone tenían miedo de ellos.

En el contacto los cojñone nos contagiaron la gripe y ese fue un problema grave. Y también debíamos trabajar para ganar plata y comprar.

Nos enseñaron a usar armas cuando recién empezamos a vivir con ellos, con esas armas cazábamos animales como el puerco de tropa. Y cuando cazábamos tenía que ayudar a mi tío y a mi tía.

Pajine:

Yo viví en el monte, pero salí cuando era muy pequeña por eso no me acuerdo de todo, solo me acuerdo desde que yo era grande.

Mi mamá me dijo una cosa del monte, me dijo que en el monte es difícil conseguir los alimentos, y ella me dijo que cuando yo sea grande tendré que buscar para comer algo del monte. Yo entendí lo que mamá me dijo.

Entonces cuando yo fui grande yo ya sabía buscar lo que ellos comían. Mi abuelito me dijo también todo lo que se come en el monte. Lo que comemos en el monte es diferente a lo de aquí, a lo que comen los cojñone.

Después de eso, mi mamá buscaba en el monte de la misión y me pidió que le ayudara a buscar para comer, teníamos que conseguir.

Cuando mi mamá vivía en el monte era difícil, porque había peligro. Lo difícil era vivir con la gente ayorea que mata, y otra cosa difícil era cuando no había agua para tomar y buscábamos con nuestros padres.

Recuerdo que había un campamento nuevo, pero no había agua y nuestros abuelos buscaban agua para beber y nuestros padres buscaban para comer, buscaban palmito.

Yo salí del monte cuando tenía…no sé cuántos años, pero era pequeña. Mis padres salieron del monte cerca de Zapocó, ahí vivíamos en Bella Vista, así se llamaba ese lugar. Y no sé cuántos años estuvimos en ese lugar ahí con el misionero americano.

Luego dejamos de vivir en Bella Vista todos los grupos de la gente ayorea. Mi padre y mi madre eran Jnupedo-gosode, éramos de 18 familias Jnupedo-gosode que vivíamos ahí. El dacasuté de los Jnupedo-gosode era Esoide. Y el chamán era Joguede .

Iriyodi:

El dacasuté Esoide dijo al padre de mi señora: «vamos a encontrar a los pasajeros que van en tren y de repente nos van a dar regalos que podemos usar como machete y hacha.» Y así fue a hablar con los cojñone a Tunas, cerca de Tobité, él estaba contento porque ya había hablado con los cojñone con los que iría a vivir un día. El grupo de Pajine quería salir por su propia decisión. En ese pioijnutodie (tren) estaba Samane, el chamán. Cuando los misioneros se enteraron de que los ayoreos estaban caminando en las cercanías del ferrocarril, los misioneros fueron por los ayoreos y se los llevaron a Tobité y después se trasladaron a Bella Vista.

Pajine:

En esa zona no se sufre como en el Paraguay, ahí hay más para comer, hay palmito, motacú, nujnai y de su tronco se saca harina. Hay palma, sipoi, y otros más.

Para sacar harina tumbás el palo de nujnai, se corta por la mitad y se raspa el medio y sale como harina. Bueno, primero se mete el tronco en fuego y se sabe cuándo ya está cocido, se corta por la mitad, se raspa y se pone esa harina dentro de un bajo con sal y ají.

Cuando nos fuimos a Bella Vista todavía vivían mis abuelos y mis padres y ellos buscaban en el monte para comer.

En Bella Vista yo tenía tal vez como cuatro años, no iba a la escuela. Luego nos fuimos a la estancia Motacucito a trabajar, fuimos con Fernando Justiniano, él nos llevó a su estancia que estaba cerca del Rincón del Tigre. Aquí ya había escuela, la hija del Sr. Justiniano ya era grande, y ella enseñaba la biblia y educación. Ella nos enseñó de todo.

Después nosotros abandonamos Motacucito y nos fuimos a Rincón del Tigre, allá había mucha gente ayorea. Había misioneros también. Ahí nos quedamos cinco años tal vez. Ahí cumplí mi educación.

Después salimos de Rincón del Tigre y mi mamá pasó a Poza Verde porque mi tío vivía ahí y vivimos junto a mi tío, hermano de mi mamá. Tal vez yo tenía 15 años entonces.

En Poza Verde ya no teníamos comida del monte, como el motacú, pero nuestros padres buscaban del monte doridie para comer.

En Poza Verde conocí a Iriyodi, él trabajaba en un aserradero, el dueño era Joaquín Carvajal Suárez.

Iriyodi:

Yo estaba más allá de Santa Rosa del Sara, ahí me encontró Pajine. Vino un grupo de ayoreos con un contratista para hacer trabajos aquí en el aserradero, era para tumbar árboles. Pajine vino con sus parientes, ella no sabía que estaba ahí, pero me encontró a mí.

Pajine:

Yo no sabía si me iba a casar con Iriyodi, fue mi amiga que me dijo: «¿Por qué no te casás con Iriyodi? Él es un hombre trabajador» y yo le dije: «no sé si él se quiere casar conmigo, a ver si yo puedo conseguirlo.»

Después yo le hablé a Iriyodi para casarnos. Los dos queríamos casarnos.

Iriyodi:

Yo tenía miedo de la madre de Pajine porque su madre no sabía que ella se iba a casar conmigo. De repente ella me rechazaba o se enojaba porque Pajine no avisó a su papá. Y si sus padres escuchan que ella se casó conmigo pueden decir «¿Por qué se casó con él?»

Su mamá estaba en Poza Verde. Pero tuve suerte que su mamá no se enojó. Cuando ella escuchó que Pajine se casó con Iriyodi ella se puso contenta porque la gente de Poza Verde me conocía a mí y sabían cómo era yo. Yo soy buen trabajador y cazador. Yo iba de cacería y a buscar miel, sabía hacer chacra también.

En ese aserradero yo tenía un cuartito para vivir. Todos los días trabajaba en el aserradero hasta en el turno de la noche.

Pajine me dijo: «si usted quiere nos podemos casar, me tiene que amar hasta que muera y yo hasta que usted muera.»

Hay veces que uno miente para otras mujeres, a las que les dice «bueno yo me voy a casar con usted y no voy a querer a otras mujeres.» Pero eso es mentira. En cambio, nosotros hablábamos la verdad.

A mí me gustaba Pajine. Antes, Pajine, casi no trabajaba, pero yo le enseñé el trabajo. Yo le dije «hay que trabajar, hay que ayudar a su mamá para que no sufra mucho en su trabajo.» Y ahora Pajine trabaja mucho, tiene una máquina para coser.

Pajine:

Después salimos del aserradero y nos fuimos a Poza Verde, pero antes nos quedamos un día en la estación brasilera del tren en Santa Cruz, ahí el patrón nos pagó y pasamos a Poza Verde. Los ayoreos siempre parábamos en la estación brasilera porque ahí vivía una señora donde íbamos.

En Poza Verde estaba mi familia, vivimos en la casa de mi madre y mi padre. Había dos cuartos en Poza Verde, y después de dos años hicimos nuestra casa.

En la mañana nos levantábamos y buscábamos lo que íbamos a desayunar. Allá todo comprábamos, desayunábamos pan con café, luego de comer hilábamos garabatá en la mañana. Ya sabemos que toda la mañana es para desayunar.

Ahora estamos viviendo en Ebetogué desde hace unos diez años, más o menos, o tal vez siete años, no me acuerdo exactamente.

No tenemos chacra, bueno tenemos solo un pedacito de chacra en donde plantamos para disfrutar de comer. Plantamos zapallo, sandía, batata, y un poco de maíz.

El año pasado tuvimos muchas plantas de zapallo, y en cambio ahora nuestras plantas de zapallo se van a secar porque no llueve más. Estamos preocupados de la sequía, ya no llueve más, nuestras plantaciones se están secando.

En Ebetogué tenemos 135 familias, pero la tierra es muy chica para tantas. Son 1,700 has. y no tenemos monte.

En Campo Loro y en Tunucojnai hay un pequeño monte, pero en realidad como hemos cortado leña de ahí ya no queda mucho monte. Y en el 2005 ya no va a haber más leña, entonces la gente se va a ir a otro lugar.

Ahora estamos preocupados de nuestro futuro y el de los niños. ¿Qué vamos a hacer en Ebetogué si la tierra es tan chica?

Iriyodi:

En Paraguay estoy 15 años y en todo este tiempo no he visto una sequía así, que no llueve 8 meses, antes no llovía 3 meses, pero ahora la situación es más grave.

Yo no tengo una vaca en Ebetogué y el problema es que no hay agua. Hay 4 piquetes, pero solo hay una pileta y hay más de 100 cabezas de ganado.

Yo les dije; «por qué ustedes no hacen otra pileta para las vacas, una sola pileta no va a aguantar para 100 cabezas porque la vaca toma más o menos 25 litros por día, es una pileta chica y está secándose»

Hay molino de viento para cargar el agua.

Además, le falta un puesto de salud, y a los niños les gusta poco la educación esto se debe a la situación de los padres que no encuentran trabajo aquí en Ebetogué sino en estancias lejos de la comunidad y los padres tienen que llevar a toda su familia. Los hijos tienen que dejar de ir a la escuela.

La vida en Ebetogué está muy difícil porque no hay trabajo, se paró el trabajo. En la comunidad cuando una familia no tiene que comer sus parientes le dan, tienen que darle.

Los compradores de leña ya no quieren comprar para la olería. La leña sacamos de Ebetogué. El dueño de la olería viene a comprar él nos paga y se la lleva, pero ya no quiere más comprar porque hay mucha leña.

Cerca de la fiesta de la Navidad es un problema porque como ya no vendemos leña ya no hay platita para la fiesta. Solo las mujeres venden su artesanía donde la señora Verena. En el centro de Filadelfia también vendemos un poco de artesanía, en el mensajero, pero no compra mucho y paga muy barato. Mi señora hace unos muñequitos ayoreos por los que le pagan 30.000 guaraníes, en cambio la señora Verena paga bien por las artesanías.

Pajine:

En Ebetogué como en las demás comunidades ayoreas hay mucha separación de matrimonios, se separan del marido o de la mujer y los hijos quedan con la abuela, ella los cría, bueno las abuelas que aman a sus nietos. Porque hay algunas que regalan a sus hijos, a sus nietos a las personas que los adoptan.

Estas personas que regalan a sus hijos siguen nomás con la vida que llevan, si los dejan a sus hijos.

La mujer consigue otro hombre o el hombre consigue otra mujer, y los hijos quedan abandonados por ellos, por eso los regalan.

Ahora con lo que ha cerrado la «Casa Pasajera,» la gente ayorea que vivía ahí han vuelto a Ebetogué y a las otras comunidades ayoreas.

La gobernación ya no quería que estén más ahí en Filadelfia, no sé por qué. Yo he escuchado que a las chicas jóvenes les gustaba beber, emborracharse, y por esta situación es que no les ha gustado más a los menonitas y han decidido cerrar.

No solamente era un problema para la gobernación sino para los menonitas. Las chicas jóvenes caminaban por las calles de Filadelfia, y las señoras menonitas se enojaban con sus maridos porque estaban celosas de las chicas, de eso cerraron la Casa Pasajera. Y ya no quieren que las chicas ayoreas estén aquí en Filadelfia.

Estas chicas tienen a su padre y a su madre por eso volvieron a Ebotegué, Campo Loro, a Tunucojnai y a Jesudi. Hay muchas de estas chicas que andan en las calles, ahora trabajan en Ebetogué, buscan otros hombres, claro que no todas.

Iriyodi:

Este es solo mi pensamiento, solo mío, nomás mi pensamiento. Me disculpo con los ayoreos Totobié-gosode que quieren venir acá.

Los ayoreos de Ebetogué, Campo Loro, Tunucujnai y Jesudi tienen problemas hasta con sus mismos parientes, nuestros hijos están peleando con otros. Yo estoy muy triste por esta situación, entonces ¿cómo vamos a recibir a esos ayoreos Totobié-gosode?

Yo pienso que ellos tienen que quedarse nomás, o si ellos quieren venir con los cojñone tienen que hablar con alguien de la gente civilizada, entonces así no habría problemas.

Así como fue el caso de Paójnai. Hablaron con los cojñone, y fue una suerte que hablaran con el ayoreo Basuri.

Cuando Basuri se encontró con Paójnai pensó que Basuri era un cojñone que hablaba ayoreo. Pero, Basuri, luego dijo: «yo fui antes hijo de Uejai» y Paójnai contestó «¡Ah! Uejai era mi pariente.»

Yo respeto mucho a esos Totobié-gosode y es preferible que ahora no vengan porque los ayoreos pelean mucho entre sí y con los parientes. Hay hijos que no hacen más que las cosas malas. Toman trago, se emborrachan, hablan de noche hasta gritan en las noches. Hay mujeres que hacen problemas a otros maridos.

Esta situación me hace sentir triste y por eso pienso que si vienen los Totobié-gosode entre nosotros no es bueno, es mejor que ellos se queden en el monte nomás. Si un día Dios quiere que ellos salgan y si ellos están pensando venir…como un día yo escuché. Me reportaron, la gente de Totobié-gosode de Ugaguede que dijeron que habían escuchado del mismo Ugaguede: «bueno, parece que yo voy a ir con los cojñone cuando sea anciano, choquijnai,» y dijo: «el hijo de mi hija va a vivir con los cojñone.»

Antes en el pasado cuando yo estaba pequeñito, el hermano de Ugaguede ya habló con una persona ahí, más o menos en Teniente Martínez, un poco más acá. Él quería hablar con un cojñone, él quería decirle que quería irse con los cojñone. Y en ese momento vino Ugaguede y mató a ese cojñone, era una persona de los cojñone que había venido con el hermano de Ugaguede. El hermano de Ugaguede dijo: «ese vino en paz, trajo un pedacito de sal que me lo dio a mí. Y parece que él no vino a buscarnos para que nos mate.» Entonces, Ugaguede dijo: «no los voy a matar.» Pero Ugaguede, los mató.

Su hermano Ichajuide, que también se llama Ojoi no quería que mate a esos cojñone. Ahora parece que sus parientes están con los Totobié-gosode.

Ugaguede tenía una hija que se llama Aguchagué y su marido se llama Jonoine. Jonoine dijo una vez: «Si un día yo hablo con los cojñone, va a ser porque tenemos tantos problemas, miedo de los cojñone de los que tenemos que huir, miedo del tigre en la noche, miedo de los Guiday-gosode. Parece que yo voy a hablar con los cojñone y voy a vivir con ellos, ya no me importa que yo muera ahí, mi hijo vivirá con los cojñone.»

Parece que Jonoine era dacasuté de los Totobié-gosode, aunque era joven. Yo soy primero que Jonoine.

Para no ser culpables nosotros los ayoreos civilizados, no seríamos culpables nosotros si ellos, los Totobié-gosode quieren venir como Paójnai vino.

Él quiso salir para vivir con los cojñone, su hijo Amájane salió cerca de la estancia y vio a Basuri que estaba acompañado del perro del estanciero. El estanciero tenía miedo de los Totobié-gosode, y parece que le dijo a Basuri: «tienes que ir con mi perro, porque mi perro conoce a la gente, él huele más la camisa, si no huele la camisa, entonces tienes que correr.»

Es cierto. Cuando Amájane corrió, el perro corrió también. Ahí el perro lo rodeó. «¡Va allá! Dijo, «¡cou, cou, cou!» ladró el perro. Amájane tenía miedo, pero el perro no lo mordió solo lo agarró, nomás.

¡Ah! Samuel Basuri lo encontró a Amájane, el perro no ladró más cuando vio que Basuri venía. Entonces Amájane habló con Basuri: «mi papá quiere vivir con los cojñone.» Él pensó que Basuri era un cojñi y tenía miedo. Basuri le dijo: «no soy cojñoi, soy ayoreo, yo era antes hijo de Uejai, soy Basuri Picanerai.» Amájane se puso muy contento, y dijo: «yo soy Picanerai también, mi papá es Paójnai. Gracias por lo que nosotros podemos ir con ustedes y gracias por lo que nosotros podemos vivir con los cojñone, porque tratan bien a los Totobié-gosode.»

Paójnai tenía tres hermanos, pero murieron. Un anciano Paroji volvió con ellos. Pero este huyó de los cojñone, él se fue a otro lado. Ahora está solito en el monte. Yo lo conozco. Solito está por ahí en el monte. Su problema es el miedo a los cojñone.

Lo que pasó es que hubo un problema con los cojñone y tuvieron que huir, Paójnai corrió por un lado y Paroji por otro, no volvieron a encontrarse en el monte. Vive solito, solito. Él es una persona más vieja que Paójnai. Da lástima que él es muy viejito, muy ancianito, tal vez ya está muerto, puede haber muerto de sed si es que no había agua por ahí.

La familia de Paójnai siempre huyó por miedo a los cojñone y a los Totobié-gosode porque antes había peleado con los Totobié-gosode.

El hermano de Paójnai era Sopade que mató al jefe de los Totobié-gosode, al hermano de Gabide, sí lo mató.

Queségodoi se llamaba, Paójnai mató a Queségodoi. Bueno, pero primero Queségodoi mató antes al grupo de Paójnai, mató a su mamá.

El grupo de Queségodoi era grande. Paójnai corrió junto con Sopade, y Queségodoi también corrió hasta que los alcanzó y empezaron a pelear. En eso, Paójnai quedó herido, fue cortado con machete por Queségodoi, quedó gravemente herido. Pero después Paójnai lo agarró a Queségodoi que era un hombre grande y fuerte, en cambio Paójnai es un hombre flaco y parece que no tiene mucha fuerza. Pero, en verdad sí tiene mucha fuerza. Parece que mató a Queségodoi, Paójnai alzó un asore, un guiebei y con ello le dio en el ojo, le cortó los ojos a Queségodoi. Ahí murió. Ahí se quedó. Paójnai corrió con Sopade.

Enseguida vino el grupo de Queségodoi, pero Paójnai ya se había ido. Y ya había muerto el dacasuté Queségodoi.

El hijo de Queségodoi se llama Unaijai, este se casó con una mujer de Yalvesanga. También tiene otro hijo en Tunucojnai, él se llama Chicorine, marido de Ejongome.

Yo lo conocí bien a Queségodoi, yo lo acompañaba siempre. Lástima que Queségodoi tuvo la culpa por querer conseguir a Paójnai, él quería matarlo.

El grupo de Queségodoi mató a la madre de Paójnai. Él quiso salvar a su madre, pero no pudo, la mataron. Aunque algunos del grupo de Queségodoi querían salvar a la madre de Paójnai, otros querían matarla, pero finalmente la mataron.

Parece que por esto Paójnai tenía miedo de los Totobié-gosode, por lo que había matado al dacasuté de los Totobié-gosode.

Paójnai dijo: «yo no tengo miedo del tigre, pero sí de los ayoreos y de los cojñone.» Parece que él mató a muchos tigres.

Voy a contar sobre el padre de Pajine. Él pertenece a los Ducode-gosode.

Al Padre de Pajine lo hirieron los cojñone.

Un día, Ñacajai Jnurumini el padre de Pajine, quedó detrás de su grupo junto con otros. Estos otros, eran siempre seis los hombres jóvenes que quedaban detrás, eran los que cuidaban a las mujeres del grupo. En ayoreo se dice poridéode, que quiere decir guardián.

El grupo estaba de caza. Ellos iban primero, pero luego se quedaron allá porque habían encontrado un tatú que de pronto se enterró. Entonces ellos cavaron para sacarlo, lo mataron y ahí hicieron fuego para asarlo.

¡Cuando de repente! Vinieron los cojñone que venían detrás de ellos hasta el lugar donde estaban todos los ayoreos comiendo al tatú; ahí nomás les tiraron con balas con sus armas. Mataron a dos ayoreos del grupo del padre de mi señora.

Parece que los ayoreos mataron primero a un cojñone y por eso estos les estaban buscando para vengar la muerte del cojñone. No tardaron en encontrar el caminito de los ayoreos.

Por eso es que el dacasuté les dijo a esos seis jóvenes que sean poridéode del grupo, porque él pensaba que los cojñone iban a venir.

El que resultó herido fue Ñacajai (padre de Pajine). Le habían tirado una bala en la canilla, quebrándole por completo el hueso, pero también le tiraron en la rodilla justo el momento en que él se paró para correr. Pero aun así él corrió y corrió más o menos diez metros, luego cayó y se ocultó entre los yuyos, no lo vieron por suerte. Ahí quedó hasta que se fueron los cojñone.

Los cojñone no avanzaron más por miedo a que salgan más ayoreos. Pero los ayoreos también tenían miedo de los cojñone.

Sus compañeros, su gente no vio que él se había caído y no sabían que le habían tirado. Le habían disparado, pero no lograron matarlo. Porque él rápido se movió detrás de esos cojñone, pero después ya no pudo caminar. Se arrastró y así estuvo por mucho tiempo, arrastrándose porque no podía caminar con su pie.

Él sufrió mucho durante un año. No tenía fuego, no tenía nada, estaba solito en el monte. Tampoco tenía herramientas, no tenía más su guebei, su hacha. No tenía nada con qué sacar sipoi. ¡Nada, nada! Sufrió mucho de sed y de hambre.

La historia que me contaron de mi suegro es larga. Cuando Pajine quería escuchar su historia él decía: «yo puedo contar por una noche entera, un día entero, mi historia es muy larga, no puedo contar todo.»

Él hizo fuego con diquitade, es con lo que se saca fuego. Él quebró con las manos unas ramas para hacer diquitade no tenía cuchillo, ni un guebei. No sé cómo hizo con el diquitade, pero logró que saliera el fuego. No tenía tampoco hacha para sacar palmito del motacú, él tenía hambre y quería comer.

Había muchos palmitos, pero no podía sacar. Un día encontró una piedra en forma de hacha, pero no tenía garabatá para hacer pita y amarrar la piedra a un palo. Vio que la hoja del garabatá la podía friccionar con un tronco hasta despulparla, así finalmente sacó la fibra del garabatá y pudo hacer una pita. Recién pudo sacar palmito del motacú. No sé cuánto tiempo le tomó sacar, tal vez una hora o tres.

Una vez encontró un árbol en el que había una colmena de la abeja pico a la que le dicen abeja negra. Él no podía trepar, pero tenía que bajar la miel, entonces le prendió fuego a la parte de abajo del tronco. Se quemó el tronco pero no lo de arriba. Esperó y esperó…no sé cuánto tiempo hasta que el fuego cortó el árbol y cayó. No se quemó eso donde entra la abeja pico, nosotros los bolivianos decimos abeja pico. Hay muchas casas de pico, de suru, de oro y también hay la de la señorita y de ajidabia.

Bueno, se quemó el árbol y se tumbó y como digo no sé cuánto tiempo tuvo que esperar, no sé cuántos días, un día, dos días o tres días, tal vez cuatro noches.

Él agarró una leña fina, un palito fino con lo que sunchó donde entra la abeja pico hasta llegar adentro donde está la miel. Así pudo sacar un poco de miel. Cortó del costado de la colmena miel y se hizo como una catoja para guardar la miel.

Él todavía no podía caminar, estaba con el hueso quebrado, tardó un año en curarse, la vida de mi suegro fue muy difícil.

Un día su hachita, esa piedra, se quebró al querer sacar un palmito de motacú. Entonces él lloró. No sabía qué hacer. Y él se dijo: «¿Qué voy a hacer? Creo que voy a morir.»

Pero entonces tuvo que quemar el doridie también para poder sacar. Uno de esos días Ñacajai encontró un lugar donde había mucho garabatá y ahí se quedó dos o tres meses para poder comer. Él prendía fuego y así podía tener garabatá. Comió y comió, era tiempo de frío alrededor de junio o julio. Así se comió todo ese garabatá que después volvió a nacer ahí atrás, creció grande.

Un día se fue ahí, ahí durmió y cuando ya era de noche escuchó un ruido, era un tatú. Ñacajai alistó su palito y lo esperó al tatú que estaba caminando en la noche, cuando ya estaba más cerca el bicho, Ñacajai pudo verlo, sacó el palo y lo mató. ¡Él estaba tan contento de tener un tatú para comer! Y dijo: «gracias por lo que yo maté a un tatú, ahora voy a comer mucho.» Lo metió al fuego y se lo comió.

Después, en otra, cuando él estaba caminando encontró un oso hormiguero este se subió a un palmito, a un picade. Ñacajai quería matarlo para comer, pero el yajonguejai se quedó ahí arriba porque sabía que Ñacajai quería matarlo. Él quiso quemar el palmito, pero el fuego no ardió, y él dijo: «¿Qué voy a hacer?» El yajonguejai seguía ahí arriba, se quedó ahí arriba nomás, no quería bajar. Y Ñacajai dijo: «yo voy a esperar a que baje, así nomás, sin fuego, no voy a quemar el palmito.» Luego vino bajando el oso hormiguero, porque pensó que ya se había ido el que lo estaba esperando abajo. Ese oso hormiguero no corrió, saltó a la tierra y en ese momento Ñacajai lo mató con el palo, y dijo: «gracias ahora voy a comer.»

Una vez vio una laguna con agua y buscó en el agua una galápago y la comió a la tortuga que vive en el agua. Cuando él cuenta esto, él dice: que la galápago es para Pajine. «Él tuvo que comer esta tortuga porque él sufrió de hambre durante un año. Dice que es rico, que es así como la peta. En ayoreo, se la llama ujoi a la tortuga que vive en el agua. Los paraguayos no dicen peta, dicen tortuga.

Cuando sucedió esto mi suegro tenía en ese entonces alrededor de 20 o 25 años.

Pajine:

Mi padre se recuperó poco a poco hasta que se sanó, pero él todavía no caminaba. Después de que mi papá comió esa tortuga que vive en el agua ya no salió más de ese lugar. No salió más de ahí porque tenía esa laguna con agua, se quedó como ocho meses a vivir ahí. Él pensó y dijo: «voy a buscar donde está el campamento de mi grupo.» Aunque él no podía caminar, así despacito, despacito fue. ¿Hasta dónde iría a buscar el campamento de su grupo? Pero por fin encontró un campamento de antes. Así caminando, caminaba despacito, ¡Cuando de repente! ¡Encontró un machete! Y se le ocurrió que podía estar una persona por ahí ya que alguien había olvidado ese machete. Él dijo: «¡Ahí está el machete! Recién voy a poder comer palmito.» Estaba contento por haber encontrado ese machete.

Ahora ya podía caminar con sus pies, no como antes que se arrastraba. Cuando ya empezó a caminar con sus pies recién pudo encontrar para comer. Pero no estaba totalmente sano, seguía con dolor, no podía caminar muy lejos desde ese campamento. No se fue de esa laguna para no tener sed. Él dijo «me voy a quedar aquí nomás para poder hacer mi baño antes de dormir» No podía tomar agua porque daba miedo. Tomaba poca agua porque a la herida no le hubiese gustado tomar.

Al pasar ya un año, llegó el tiempo de la asojna. Él hizo su fiesta por ahí porque el ayoreo que está en el monte no olvida de eso. Incluso un solo hombre puede hacer la fiesta. Era el mes de agosto, y él escuchó que el cuyabo ya cantó, y dijo: «ya es tiempo de fiesta.» Entonces él fue a buscar miel, garabatá y agua y cuando ya encontró él estaba esperando hacer la fiesta de la asojna.

Un medio día ayunó y no tomó agua. Solo puso agua en su boca y luego la echó afuera. Ñacajai cortó un poco de samuhú y con esto hizo un muñeco, le pintó su cara con curudé, también hizo una cruz de najurone que la puso al lado de ese muñeco.

Pero cuando él iba caminando con el pie sano, despacito, llevaba un tizón de fuego, pero el tizón se cayó al agua y se apagó el fuego. Y dijo: «¿Qué voy a hacer ahora?» Su campamento estaba como a doscientos metros. Y él pensó que tenía que volver a su campamento a traer fuego de vuelta. Y era tarde y llegó así de noche a su campamento que no estaba muy lejos. Y se dijo: «mañana voy a hacer la fiesta de la asojna» y así lo hizo. Cuando terminó la fiesta ya quedó libre. Y después de esto ya sanó un poco.

Para prender fuego hay uno así… pero hay otro con el que se hace más rapidito el fuego, este se llama diquitade y el otro que tarda más se llama patigue. Hay que tener cuidado de que no se moje. En las caminatas siempre se llevaba fuego.

A veces él cantaba en la noche, aunque estaba solito, le gustaba cantar. En sus cantos hablaba de su historia, lo que estaba pasando.

También encontró un jorojoro, una peta de cáscara (caparazón) grande, que usan los ayoreos. Sacó ese caparazón de tortuga, y él pensó que ya no iba a sufrir más de hambre.

Ya sacaba palmito, ya sacaba miel. Fue en ese entonces que dijo: «voy a buscar a los ayoreos que están en el monte de repente yo los encuentro y puedo vivir con ellos.»

Ya caminaba ya había sanado un poco, pero no del todo. Nadie lo curó, así nomás sanó. Su canilla y su rodilla estaban todavía muy graves, estaba hinchada, estirada de acá…porque estaba rota, se había quebrado toda la rodilla.

Finalmente, encontró el camino de su grupo. Los ayoreos pensaron que ya se había muerto, no pensaron que estuviera por ahí. Él dijo: «yo voy a seguir ese camino y si encuentro a mis parientes yo voy a vivir con ellos.» Siguió caminando y encontró otro campamento abandonado, ya se habían ido a otro. Pero los siguió hasta que los encontró.

Cuando lo vieron a Ñacajai dijeron: «Ahí viene Ñacajai.» «Soy Ñacajai,» dijo: «la gente cojñone no me mató, solo quedé herido, solo mataron a mis compañeros.» Luego la gente del grupo pensó que era mentira, dudaron y pensaron que era otra persona. En eso volvió otra persona al grupo y vio la cara de Ñacajai, supo que era él. Entonces corrió llevando la noticia de que Ñacajai había vuelto hasta donde estaba el dacasuté, pero no creyeron y se enojó el dacasuté porque pensó que a Ñacajai lo habían matado, y hasta pensó matar a esa persona que se hacía pasar por Ñacajai. Pero era Ñacajai. Otra persona le había dicho que habían matado a Ñacajai, le contó mal al dacasuté. El dacasuté se llama Imojine es de los Jnupedo-gosode, él quería matarlo, pero fueron otros que no quisieron que mate a Ñacajai porque ya había sufrido durante un año.

Mi padre vive en el Barrio Bolívar, en Santa Cruz. Él es muy grande, muy alto, tal vez mide dos metros diez.

1 Rosa María Quiroga Arce, nacida en La Paz Bolivia, antropóloga, especializada en etnología de la ENAH México. Con una gran capacidad de comprender su país y una excelente interlocutora con pueblos indígenas de tierras bajas. Tuvo la iniciativa de desarrollar y formar talleres artesanales rescatando el barroco mestizo boliviano de la Chiquitanía. 

2 Bernd Fischermann es un antropólogo alemán que dedicó su vida al estudio de los pueblos indígenas Ayoreo y Chiquitano. Realizó la primera reunión de pueblos indígenas de tierras bajas en Bolivia y fundó la organización Apoyo para el Campesino-Indígena Boliviano (APCOB) en 1979. En 1982 Impulsó también la fundación de la federación indígena de Oriente Boliviano (CIDOB). En 1996 Junto a Rosa María Quiroga presentaron el primer estudio para la justificación del Territorio Comunitario de Origen Monte Verde. 

3 Araceli Itzel Gómez Cañipa, investigadora independiente, miembro fundador de Cooperativa Visual, tiene formación en Ingeniería Ambiental y Sociología. Trabaja temas vinculados a lo social, político y medio ambiental. 

4 Agua obtenida de plantas específicas como el ñojai/ ñojnane en época seca 

5 O Caraguatá, reúne un conjunto de plantas con varios usos siendo la principal la fabricación de fibras, tejidos y textiles (Bromelia hieronymi, Deinacanthon urbanianum). 

6 Doria s.m; doridie pl. m. Las Bromelia balansae y Bromelia serra. Bol.: Garabatá; Par.: Caraguata. Se come la parte carnosa de las bases foliares. Durante el tiempo de la sequía las doridie se vuelven la base principal de la alimentación. Crece en los alrededores de los campos. 

7 Degüi s.ml degúode pl. m. Nombre genérico para toda clase de campamento ayorei. Campamento instalado para pocos días. 

8 Los ayoreos utilizan una serie de plantas, cactus, productores de tunas como ser Cereus stenoguns, Stetsonia coryde, Eriocerus martinii, Eriocereus bonplandii, Opuntia plata y Opuntian elta. Estas no solo son utilizadas como alimentos sino también para la fabricación de diversos objetos. 

9 Gymnocalycium mihanovichii, cactácea aprovechada por su tallo hidroreservante. 

10 Ajidábia s.f; ajidabídie pl. f. El panal de la abejea ajidábia ajidi. Ajidábia ajidi s.m.; ajidábia ajidode pl.m. Abeja Tetragonisca angustula. Bol: Señorita. Pequeña abeja de color amarillo-dorado que produce miel muy rica. 

11 Yajogué s.f.: yajoguédie pl.f. El oso hormiguero Myrmecophaga tridáctila. Bol.: Oso bandera: Par.: Yurumi. Su carne es muy apreciada por los ayoréode. 

12 Toto s.f.: totodie pl.f. Tajassu (Pecari) tajacu: Bol.: Taitetú, Par.: Cureí. Una de las preferidas ayoréode. 

13 Guebei s.m.; guebecho pl.m. El hacha ayorei. El hacha consiste en un escoplo de hierro, a veces algo curvado, y en general hecho de los muelles de uno de los camiones chatarras de la Guerra del Chaco, con un mango de dos palitos armados y fijados con soga. 

14 Dakasuté s.f.; dakasutédie pl. f. Líder de un grupo local o de una gague. Debe haber matado a enemigos, pero para acceder a la función de líder, debe mostrar un comportamiento ejemplar, ser imparcial, elocuente y equilibrado. Su autoridad es débil en tiempos de paz, pero fuerte en caso de guerra y peligro. 

15 Asõre s.f; asõrenie pl.f.; pos. Reg. guebé. La lanza ayoré con punta de madera. 

16 Fischermann: “Es una comilona que se hace después de una matanza porque la miel significa sangre”. 

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