Presentación del dossier: Santa Cruz como problemática nacional y continental

Carol Gainsborg Rivas 1
Septiembre 2025

Pensar Santa Cruz hoy supone enfrentarse a un espejo incómodo de las transformaciones históricas, políticas y económicas de Bolivia. Durante décadas, la región fue representada como motor de modernización, vitrina de productividad agrícola y símbolo de pujanza empresarial. Sin embargo, los textos reunidos en este dossier revelan que tras esa narrativa se esconden procesos mucho más complejos: despojo territorial, racismo estructural, captura financiera, disciplinamiento cultural y resistencias que han permanecido invisibilizadas.

Santa Cruz no puede entenderse en clave regionalista. Su historia y su presente atraviesan a Bolivia entera, y se enlazan con dinámicas continentales de extractivismo, financiación y colonialidad que desbordan cualquier marco puramente local.

Los siete artículos que conforman este dossier despliegan una cartografía múltiple que va desde las memorias íntimas inscritas en el cuerpo hasta el análisis de la especulación financiera que sostiene al agroextractivismo. Permiten ir más allá de la crítica economicista y productivista, para abrir preguntas sobre subjetividad, memoria, hegemonía cultural, territorialidad y poder financiero.

Pero hay algo más, y esto ha sido una preocupación constante entre quienes concibieron este dossier: la necesidad de dialogar más allá de las fronteras de las ciencias sociales. Los problemas del agro —deforestación, incendios, jerarquías raciales, disciplinamiento cultural— no logran ser cuestionados en su fondo únicamente desde lenguajes segmentados o discursos especializados. Por ello, este conjunto se abrió deliberadamente a narradores, poetas y escritores cuya escritura interpela desde lo sensible, lo estético y lo íntimo. Al convocar voces como las de Barrientos, Vaca o Reyna, no se trató de un gesto accesorio. Fue más bien la convicción de que el desmontaje del mito agroindustrial requiere también de otras formas de expresión que desnaturalicen el orden de las cosas y convoquen a sensibilidades diversas.

Esta búsqueda se prolonga en la sección «Otros lenguajes» de la revista, que, aunque no forma parte estricta del dossier, dialoga íntimamente con él. Allí se incluye un cuento de Giovanna Rivero que amplía la reflexión literaria sobre el territorio cruceño, una muestra fotográfica de Manuel Seoane que documentará visualmente las transformaciones del paisaje regional, y una intervención musical de Chico Emputau que interpela desde la sonoridad. La portada de este número, creada por la artista cruceña Benicia Chávez (Beni Chan), funciona como una síntesis visual que anticipa los contenidos del dossier. Asimismo, la entrevista que Liliana Colanzi realizó a Virginia Ayllón en la sección «Otras latitudes» aborda temáticas que resuenan con las preocupaciones centrales de este conjunto, ampliando el marco de reflexión más allá de las fronteras del dossier propiamente dicho.

El objetivo de esta introducción no es solo presentar los textos, sino trazar un mapa de lectura que visibilice tres ejes problemáticos que los atraviesan: primero, la necesidad de romper el cerco regionalista para entender Santa Cruz desde Bolivia; segundo, la comprensión del agro más allá de la productividad, como máquina de hegemonía cultural, social y financiera; tercero, la recuperación de memorias, cuerpos y resistencias que han sido sistemáticamente invisibilizadas.

Santa Cruz desde Bolivia: romper el cerco regionalista

Uno de los aportes más contundentes de este dossier es mostrar que Santa Cruz nunca puede pensarse únicamente en clave local o regional. La apertura con el texto de Beiby Vaca resulta estratégica: desde la intimidad de una mujer «mestiza» de clase media, nacida en Santa Cruz en 1976, revela cómo las violencias del género, la raza y la clase se inscriben en el cuerpo-territorio. Su «contraexorcismo» no busca expulsar los demonios de la cruceñidad sino bailar con ellos, mostrando que las aspiraciones de clase media regional están profundamente imbricadas con el modelo agroextractivista y sus jerarquías racializadas.

Maximiliano Barrientos complementa esta mirada íntima con una lectura crítica de Santa Cruz como constructo ideológico donde los significantes de «camba» y «pueblo» funcionan para mistificar las relaciones de clase bajo el capitalismo contemporáneo. Desde un arsenal teórico que cruza psicoanálisis, crítica marxista y teoría política, su ensayo examina tanto la crisis del MAS como la del regionalismo cruceño, mostrando que ambos han reemplazado la lucha de clases por identidades racializadas que reproducen la dominación. La literatura aparece aquí como espacio de desvelamiento de las contradicciones sociales ocultas tras el mito regional.

Quya Reyna aporta una perspectiva complementaria pero distinta al analizar por qué Santa Cruz, pese a sufrir crisis ambientales anuales por incendios forestales, no desarrolla un ecologismo crítico que cuestione el modelo extractivista. Su concepto de «ecologismo subordinado» es particularmente revelador: muestra cómo el discurso ambientalista se instrumentaliza según necesidades políticas coyunturales, sirviendo funcionalmente a la hegemonía cruceña que presenta al agronegocio como inevitable.

Ahora bien, esta crítica de la construcción ideológica y cultural encuentra su necesario contrapeso en las voces que emergen desde las memorias territoriales más profundas. Isapi Rua y Lucía Herbas, desde una metodología de escucha situada en comunidades guaraníes del Chaco, construyen una narrativa coral en torno al maíz como núcleo de vida comunitaria y al territorio chaqueño como espacio históricamente disputado. Sus relatos muestran cómo las comunidades enfrentan un continuo de despojo que va desde la colonización hasta la irrupción contemporánea de transgénicos y ganadería extensiva.

Las historias de vida de Iri y Paji, dos integrantes del pueblo ayoréode recogidas por Quiroga, Fischermann y Gómez, refuerzan esta genealogía larga del despojo. Su experiencia personal se entrelaza con las guerras interétnicas, los desplazamientos forzados, los contactos misioneros y la inserción desigual en la sociedad nacional. Desde un registro íntimo —pero de una intimidad muy distinta a la de Vaca—, se reconstruyen memorias de la vida en el monte que hoy enfrentan la presión de petroleras, menonitas y proyectos agroindustriales.

El trabajo de Kruyt y Orsag cierra esta línea de memoria indígena con su análisis del proceso histórico de colonización y despojo en la Chiquitania desde la Reforma Agraria de 1953. Demuestra cómo el racismo estructural ha sido el mecanismo constante de desposesión, mientras las élites cruceñas y el Estado consolidaron un modelo que borra la memoria indígena y legitima la acumulación privada de tierras.

El ensayo de Stasiek Czaplicki sobre la especulación financiera sitúa todos estos procesos en su dimensión sistémica. Aquí el agronegocio boliviano se revela como un sistema donde la tierra se usa como garantía hipotecaria para apalancar créditos, capturar fondos de pensiones y blindar privilegios. Lo que se presenta como eficiencia productiva es, en realidad, colonización del sistema financiero nacional.

Así, los textos desbaratan la idea de una «cruceñidad excepcional» aislada del resto del país. Santa Cruz debe leerse como expresión condensada de procesos nacionales: pactos coloniales, migraciones, políticas estatales y dinámicas financieras que hipotecan el futuro colectivo.

El agro más allá de la productividad: hegemonía cultural, social y financiera

El segundo eje problemático tiene que ver con la necesidad de comprender que el agro no solo produce mercancías. Produce ideologías, identidades, jerarquías raciales y subjetividades. Vaca lo muestra desde lo más íntimo: cómo esa hegemonía se inscribe en los cuerpos, produciendo violencias íntimas y disciplinamiento subjetivo. La formación de subjetividades racializadas en un contexto donde la riqueza proviene de la explotación de mano de obra indígena genera socialidades jerárquicas que «educan para mandar».

Barrientos analiza la ciudad como dispositivo ideológico donde la figura del colla como «otro constitutivo» permite a la élite cruceña consolidar hegemonía y desplazar las tensiones de clase. Lo que se presenta como emprendedurismo y autosuficiencia se revela como mitologías modernas que ocultan la dependencia histórica del Estado y de la cooperación internacional.

En una línea similar, Reyna muestra cómo los ecologismos y movimientos sociales son subordinados y disciplinados por el agro, que logra imponer su hegemonía cultural incluso sobre los discursos ambientales. El «Modelo de Desarrollo Cruceño» funciona como dispositivo identitario que se presenta como concepción del mundo universalizada.

La mirada de Kruyt y Orsag evidencia que el agro reproduce jerarquías raciales históricas, mientras que Rua y Herbas recuerdan que incluso el maíz —archivo de memoria y espiritualidad guaraní— es atravesado por estas relaciones de poder. La llegada de transgénicos al Chaco aparece como un hecho consumado que genera dependencia de laboratorios y erosiona la soberanía alimentaria.

Las memorias ayoréode compiladas por Quiroga, Fischermann y Gómez evidencian la continuidad de un despojo colonial que se actualiza hoy con petroleras y agroindustrias, mostrando que la expansión territorial cruceña se consolidó en articulación con el Estado nacional, las empresas extractivas y los proyectos misioneros.

Czaplicki sitúa al agro como máquina financiera que redistribuye riesgos y concentra beneficios en redes empresariales estrechamente vinculadas al Estado. Entre 2019 y 2024, la deforestación generó valorizaciones patrimoniales de hasta 2.240 millones de dólares, más que por la producción misma. El colapso del Banco Fassil mostró cómo la integración agro-financiera vulnera todo el sistema económico nacional.

Pensar el agro más allá de la productividad significa reconocerlo como máquina integral: cultural, racial, territorial y financiera.

Memorias, cuerpos y resistencias invisibilizadas

El tercer eje que articula el dossier es la recuperación de memorias y resistencias que cuestionan el modelo agroindustrial. Estas memorias se despliegan en múltiples escalas y encuentran diferentes formas de expresión.

Vaca revela las memorias íntimas y corporales, mostrando cómo la violencia del modelo se inscribe en cuerpos y biografías. Su reflexión sobre la «matria» como alternativa feminista a la patria explora la relación amor-odio con Santa Cruz, donde la huida aparece como estrategia de supervivencia y acto de insumisión.

Rua y Herbas reconstruyen memorias comunitarias y espirituales, donde el maíz funciona como archivo y espiritualidad guaraní. Las semillas criollas operan como dispositivos de memoria y resistencia frente al agroextractivismo, aunque enfrentan la amenaza real y presente de la hibridación y los transgénicos.

Los testimonios ayoréode evidencian memorias indígenas de largo aliento, que tienen que ver con estrategias de agencia y resistencia frente a misiones, militares y agroindustrias. La vida en el monte aparece como memoria viva que todavía ordena identidades y prácticas, incluso en contextos urbanos.

Kruyt y Orsag recuperan la memoria chiquitana como herramienta de resistencia contrahegemónica, destacando el protagonismo actual de las mujeres en procesos de lucha que articulan justicia indígena y organización comunal.

Barrientos articula memorias urbanas desde recuerdos y sueños que muestran cómo la ciudad es también espacio de resistencia simbólica. Este texto, además, nos interpela a seguir pensando y dialogando en torno a lo urbano, una dimensión que, incluso en este dossier referido a las tierras bajas, no tiene la contundencia necesaria. Algo que, más que una carencia, podría entenderse como un síntoma que debe abordarse seriamente.

Estas memorias revelan que el agronegocio no es un fenómeno nuevo, sino la fase más reciente de un continuum colonial de despojo. Y al mismo tiempo, muestran que existen micropolíticas de resistencia: genealogías femeninas, espiritualidades guaraníes, justicia indígena, fuga como estrategia vital. Estos elementos permiten imaginar horizontes alternativos que no desconocen la importancia de la denuncia macroeconómica, pero que van más allá de ella.

 
Vetas para futuras exploraciones

Además de su riqueza, este dossier abre vetas temáticas que invitan a profundizaciones futuras. La articulación entre escalas micro y macro requiere mayor elaboración colectiva: ¿Cómo conectar de manera más fluida el «cuerpo-territorio» con la «finanza global»? La dimensión urbana, salvo los aportes de Barrientos y algunas alusiones dispersas en otros textos, merece un abordaje más sistemático sobre las transformaciones en Santa Cruz de la Sierra: migración interna, segregación espacial, mercado inmobiliario, consumos culturales.

El agro se prolonga en la ciudad —universidades privadas, mercados, urbanización soyera— y esta continuidad estructural entre lo rural y lo urbano abre preguntas sobre cómo el extractivismo financiero moldea también los espacios metropolitanos.

Santa Cruz como laboratorio del extractivismo y de las resistencias

Este dossier nos invita a pensar Santa Cruz más allá de los mitos de excepcionalidad regional y de productividad agroindustrial. Al integrar testimonios, memorias, análisis ideológicos y financieros, revela que el agro es efectivamente una máquina integral: cultural, racial, territorial y financiera. Pero también abre la posibilidad de imaginar horizontes alternativos desde las resistencias invisibilizadas, las semillas criollas, las genealogías femeninas, la espiritualidad indígena y la crítica literaria.

La apuesta metodológica por abrir el debate más allá del registro académico resulta central. Si el agro produce hegemonías que se naturalizan en los cuerpos y en la vida cotidiana, también es necesario desarmarlas desde lugares capaces de interpelar sensibilidades más amplias. De allí la importancia de incluir la literatura, el testimonio, la narración de vida y la escritura artística como herramientas críticas que acompañan —y a veces tensionan— el análisis social.

Hablar de Santa Cruz es hablar de Bolivia, y hablar de Bolivia es hablar de las tensiones coloniales y extractivas que marcan toda América Latina. Este dossier no ofrece respuestas concluyentes, sino preguntas urgentes: ¿Cómo articular lo íntimo y lo global? ¿Cómo conectar cuerpo y finanza? ¿Cómo leer lo urbano en continuidad con lo rural? ¿Cómo disputar un modelo de hegemonía que se presenta como natural e inevitable?

Más que respuestas definitivas, este conjunto ofrece claves de lectura, memorias y resistencias que iluminan las grietas del modelo. Al hacerlo, se constituye en una invitación a romper el cerco regionalista, a desarmar el mito agroindustrial y a imaginar horizontes más allá del extractivismo financiero. Solo desde este cruce entre razón y sensibilidad se hace posible imaginar futuros que no queden atrapados en los lenguajes de la técnica o de la denuncia racional, y que puedan movilizar tanto el análisis crítico como la imaginación colectiva.

1 Carol Gainsborg es investigadora y docente en comunicación, filosofía y ciencias sociales. Su trabajo articula formación juvenil, evaluación de programas educativos y de desarrollo y análisis intercultural con enfoque de género y derechos. 

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